Más incógnitas que certezas seis meses después de la desaparición de Diana Quer

Diana López-Pinel y Juan Carlos Quer, padres de Diana, la joven desaparecida en A Pobra do Caramiñal.
Diana López-Pinel y Juan Carlos Quer, padres de Diana, la joven desaparecida en A Pobra do Caramiñal.
GTRES

Seis meses después de desaparecer en la localidad donde pasaba sus vacaciones, A Pobra do Caramiñal (A Coruña), son pocos los avances logrados por los investigadores que siguen la pista de Diana Quer, la joven que desapareció el 22 de agosto de 2016, hace este miércoles un semestre.

Al ruido mediático de los primeros días y a la guerra declarada entre sus progenitores, ha seguido un prudente silencio marcado por el progresivo abandono de la escena pública y la prórroga decretada por el juzgado sobre el secreto de las actuaciones.

"Los seis meses, los nueve meses y el año marcan una barrera. Pero yo diría que para las familias todos los meses, cuando llega el día fatídico, son malos", explica a 20minutosJoaquín Amills, presidente de la ONG Sosdesaparecidos, una de las personas que mejor conoce este caso.

De hecho, ellos fueron los receptores de un e-mail escrito presuntamente por Diana Quer y en el que se leía: "Hola. Estoy bien. Necesito estar un tiempo fuera de España. Saludos. Diana Quer". La investigación descubrió que estaba enviado desde fuera de España, desde EE UU, y presuntamente por un hacker que suplantó la identidad y la cuenta personal de la desaparecida. Pero poco más.

"Creo que el 90% de quienes estamos al tanto de este caso pensamos que los cuerpos de seguridad están muy perdidos", reflexiona Amills, quien con absoluto "respeto" a los investigadores recuerda la queja constante de las familias, que se repite también en este caso: "Hay cosas que no se pueden contar, pero a veces es mejor tener cierta empatía con las familias, que viven situaciones durísimas y son las víctimas. La lacra de los cuerpos de seguridad sigue siendo la falta de información a las familias, la falta de empatía y de delicadeza".

Preguntado por la joven Diana Quer, Amills lo tiene claro: "Desde Sosdesaparecidos la buscamos con vida", afirma. "Es verdad que el tiempo no va a favor, pero en el caso de Diana Quer no hay ningún indicio de pelea, ropa, muestra biológica, testigos o imputados que nos hagan pensar en una muerte violenta. No hay ninguna prueba", se reafirma.

El presidente de esta ONG de apoyo a familias de desaparecidos calla más de lo que cuenta sobre el caso de Diana Quer por "respeto" a la familia y a los investigadores, insiste, pero sí tiene claro que Diana "no se fue de forma voluntaria", cree que "sigue con vida" y descarta que "su entorno más cercano esté involucrado" en su desaparición.

Certezas...

Desaparición: La joven madrileña de 18 años fue vista por última vez en la madrugada del 22 de agosto de 2016. Había salido con un grupo de amigos a disfrutar de las fiestas de la localidad y supuestamente regresaba a su domicilio cuando, mientras hablaba por whatsapp con un amigo, le contó que había un hombre que la increpaba. Resultaron ser unos feriantes a los que la Policía interrogó, pero de los que descartó que estuvieran involucrados.

Relación familiar tensa: El ambiente en el que vivían la joven y su hermana, Valeria, estaba marcado por el enfrentamiento entre sus progenitores, divorciados, y enzarzados en una guerra que trasladaron a los platós de televisión. La madre llegó a insinuar, sin decirlo abiertamente, que su marido, Juan Carlos Quer, podía estar involucrado de alguna manera con la marcha de Diana. Siempre mantuvo que la joven estaba viva. El padre, por su parte, acusó a Diana López Pinel de manipular a las niñas e, incluso, de administrarlas sedantes.

Lo cierto es que el caso se complicó más aún con asuntos estrictamente privados. Mientras los investigadores trataban de seguir la pista de la joven, se conocía que meses antes de su desaparición, Diana Quer llegó a denunciar a su padre en los juzgados. También estallaron en medio del proceso los problemas de salud de su hermana pequeña, Valeria, y la retirada de la custodia de esta a su madre.

Un 'e-mail' misterioso: "Recibimos el e-mail y lo trasladamos al juzgado el 18 de diciembre, pero dos meses después aún no nos han dicho si lo admiten a trámite y lo van a investigar", denuncia Amills sobre la lentitud de las diligencias en este caso. El sospechoso correo electrónico pareció reforzar la hipótesis de una marcha voluntaria de la joven, pero rápidamente se desvaneció.

Encuentran el móvil: A los dos meses de desaparecer la joven, de forma casual, una mariscadora localizó el iPhone 6 de Diana sumergido en una zona del puerto de Taragoña (Rianxo). Esta es una de las escasas pistas fiables que hay de la joven y el único objeto personal que llevaba Diana la noche que desapareció que ha sido recuperado.

Incógnitas...

Contenido del teléfono: A primeros de este mismo mes de febrero, los agentes no habían logrado aún acceder al contenido del dispositivo, muy malogrado por el tiempo que permaneció sumergido en la ría. Y eso a pesar de haberlo desmontado completamente y haberlo vuelto a montar sobre una placa base. Si finalmente obtienen alguna información, esta podría ser determinante para saber qué hizo o quién habló Diana justo antes de su desaparición.

Amistades sospechosas: Su padre, Juan Carlos Quer, fue el primero en llevarse las manos a la cabeza cuando cuestionó el círculo cercano de amistades de su hija mayor. Según avanzaron las pesquisas de los investigadores se supo que Diana se movió en varios vehículos la noche de autos. Al parecer salió de A Pobra a bordo de uno y, después, se subió a otro. Los agentes llegaron a identificar a uno de los conductores, pero el caso se ha encallado siempre sin que se sepa la implicación real de sus amistades. No ha habido ninguna detención.

¿Pasó o no por casa?: Las versiones sobre lo que hizo Diana la última noche no solo no concordaron desde el principio, sino que llegaron a ser contradictorias. Su madre, siempre mantuvo que no pasó por casa (lo que a día de hoy parece la hipótesis más certera), pero la Policía obtuvo declaraciones de testigos que harían pensar que Diana sí pasó por su casa y se cambió de ropa. La dificultad por poder diseñar la ruta de la joven esa noche hizo perder mucho tiempo y esfuerzos en su búsqueda.

Testigos poco fiables: Los agentes recibieron muchísimas llamadas ofreciendo posibles localizaciones de la joven. Muchas de ellas apuntaban a Lugo, donde varios testigos decían haberla visto, incluso en compañía de un hombre algo mayor. Tras muchas labores de búsqueda, la Policía tuvo que descartar esta línea de investigación. Diana Quer ni estuvo ni pasó por Lugo.

Un hombre con "mala pinta": Tras tomar declaración a muchas personas, uno de los testimonios más fiables pareció ser el que situaba a la joven fuera de A Pobra al filo de las tres de la madrugada y en compañía de tres hombres. Pero las pesquisas volvieron a encallarse y el rastro de ese presunto acompañante con "mala pinta" acabó diluyéndose.

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