Vicente García, un padre viudo de 43 años que vive en Valencia con tres hijos a su cargo (uno de 17, una niña de 12 y otro niño de 5 años), es la imagen de la pobreza y la desigualdad presente en España. Recibe una ayuda de 300 euros al mes con los que no alcanza a cubrir todos los gastos.

Además, tiene una hipoteca y un acuerdo con el banco para paralizar el pago durante cuatro años. A Vicente le queda ya solo un año de ese acuerdo y teme perder su vivienda porque asume que no podrá pagar las mensualidades. "Cuando no tengo nada, en el quiosco me fían los materiales escolares y los voy pagando poco a poco. En el colegio también me ayudan, me pagan las excursiones de los niños y el comedor", explica a la ONG Save the Children, que acaba de publicar un informe sobre desigualdad infantil en España.

"A veces tengo problemas de pagos y aunque me ayude la asistenta, intento cubrir gastos, pero a veces espero a que llegue el corte de agua, y me ayuda un cura que me paga el corte de agua", indica Vicente.

"Se pasa mal, porque a veces voy a vender pañuelos, pero me multan, la policía me amenaza con detenerme por venta ambulante. ¿De qué? Si yo no pido dinero, solo la voluntad. Lo estoy pasando mal, no sé ni cómo lo hago para llegar a fin de mes", cuenta este padre valenciano. El poco dinero que puede ganar con pequeños trabajos, unos 30 o 50 euros, lo aprovecha para comprar alimentos para que coman sus tres hijos: "Yogures, pan y fiambre, lo básico". "Cuando llegan las vacaciones me cuesta mucho más, pero a veces el ayuntamiento me ayuda con la comida", añade.

El caso de Vicente no es el único. Ana, una niña de 12 años de Vitoria, también cuenta a Save the Children la situación en la que vive su familia: "Mi padre está en el paro porque la fábrica cerró. Mi madre está en casa buscando trabajo. Si mis padres dicen 'no' sé que es por algún motivo. Mis padres quieren que seamos felices, si dicen 'no' es porque no tienen dinero".

"Mis padres ahora mismo no trabajan en nada, están cobrando una ayuda. Cuando llega la temporada del cangrejo, trabajan pelando colitas y pinzas cinco meses, y algunas veces quincenas del ayuntamiento, montando carteles y barriendo la feria o en las carretas de los reyes. Algunas veces son menos de 15 días, para la feria seis. (...) A mis padres les preocupa lo del cangrejo (prohibición de cría y pesca), les preocupa que lo quiten y no puedan trabajar", asegura otro niño de 11 años de Sevilla a esta ONG.