Malditos16
Un momento del coloquio después de la obra #Malditos16 entre los actores y adolescentes de varios institutos. JORGE PARÍS

"¿De verdad pensáis que a los 16 hablaríais con amigos si fuerais a suicidaros?" La pregunta, formulada con cierto tono de incredulidad, sale de una adolescente que está sentada en primera fila. Va dirigida al escenario, donde los actores de #Malditos16 participan en un coloquio con el público tras representar la obra sobre cuatro jóvenes que se vuelven a encontrar años después de un internamiento por intento de suicidio.

Esta función matinal para varios institutos —cuya demanda desborda a la joven compañía— tiene lugar en un auditorio público de San Blas. Minutos antes de que se abran las puertas del teatro, en corros, los grupos de jóvenes hablan de senos (y de cosenos), de planes para el fin de semana, se hacen selfies o se pavonean, entre empujones y collejas.

La profesora de inglés del Instituto Príncipe Felipe ha traído a la clase de la que es la tutora. "Ellos tienen justamente 16 años. No saben más que van a ver una obra que trata de gente de su edad y de cómo afrontan situaciones difíciles. Después, la comentaremos en clase", explica la maestra, "les traigo porque la vi y me hizo reflexionar sobre cuántas cosas pasan por sus vidas, más de las que te imaginas. Piensas que a esa edad solo debería preocuparles estudiar, pero son una coctelera de emociones".

La premisa de #Malditos16 es una invitación a toda la sociedad, pero sobre todo a los más jóvenes, a hablar abiertamente sobre el suicidio juvenil, la segunda causa de muerte no natural entre los españoles de 15 a 19 años, solo por detrás de los accidentes de tráfico.

En los primeros compases de la obra, que clava a los estudiantes en sus butacas, la actriz que hace de psiquiatra lo comenta: "A lo mejor no hablar de ello (del suicidio) no está ayudando demasiado". El argumento se desarrolla en un encuentro de cuatro veinteañeros (Eli, Dilan, Nayma y Rober) llamados a ejercer de agentes de prevención del suicidio con adolescentes por su experiencia pasada. En un juego de 'flashback' los actores reviven sus infiernos personales de cuando intentaron matarse... las malas relaciones con los adultos, padres y profesores, sus odios, su dolor.

El dramaturgo ha subido a escena la realidad que conoció en un taller literario con los adolescentes en el ala de psiquiatría de un hospital madrileño El público se mira entonces en el espejo de los cuatro actores más jóvenes ante el acoso escolar, los dramas familiares, el difícil tránsito de un transexual o el abuso infantil. La obra despliega su lenguaje. Suenan risotadas a los chistes de malotes de 'insti' y se revuelven cuando los protagonistas se duelen con la víctima de un acoso y derribo dentro de un grupo de whatsapp y en el 'insta' (gram). Y empatizarán con las referencias a los adultos "que no te conocen y con decir que estás en una edad difícil ya les basta", como dice una de las protagonistas de la obra.

El autor, el dramaturgo Fernando J. López, explica que #Malditos16 surge de una doble intención, "la de llevar a los adolescentes al teatro para rejuvenecer el público y la de interpretar historias reales". En su caso, el dramaturgo ha subido a escena la realidad que conoció en un taller literario con los adolescentes en el ala de psiquiatría de un hospital madrileño.

El Centro Dramático Nacional auspició su proyecto dentro del programa experimental 'Escritos en la Escena', que levanta textos dramáticos en unas pocas semanas a través de un trabajo de improvisación con los actores. En este caso, además de las dinámicas creativas, los protagonistas han recibido formación y asesoría en identidad sexual, violencia, juventud y psiquiatría. Los expertos les transmitieron, según cuentan en el coloquio, la idea de que cada persona es un agente potencial en la prevención del suicidio y que lo que hace falta es aprender a acompañar adecuadamente y propiciar que se hable de lo que preocupa.

Los primeros jóvenes que romperán el hielo en el coloquio post función son jaleados burlonamente por sus compañeros. Aunque muy serios ellos preguntarán a los actores por cómo se prepararon sus convincentes personajes de adolescentes. Casi al final del diálogo, una estudiante de la primera fila del teatro formula la pregunta del millón: "¿De verdad pensáis que a los 16 hablaríais con amigos si fuerais a suicidaros?"

Recoge el guante una actriz cuyo personaje clama que a los 16 "solo hay muros en la vida". "No sé qué haría, pero sí sé que me hubiera gustado ver una obra como ésta, porque te hace pensar. Yo me he dado cuenta mucho más tarde de lo importante que es hablar de los problemas y he entendido que ir al psicólogo no tiene nada de malo. Yo voy (silencio) y a mí me sirve para ser más feliz, para tener mejor energía".