Francisco Romo es profesor de Secundaria, director de un colegio de San Pablo y, desde ayer, el nuevo Defensor del Sevillano. Su nombramiento desbloquea al fin la Comisión de Sugerencias y Reclamaciones, tras la falta de acuerdo de los últimos meses entre IU y PP para elegir al presidente.

¿Se siente satisfecho al ver que su nombre ha logrado desbloquear la Comisión?

Ese ha sido uno de los motivos por los que he aceptado. Yo no era, en principio, ni una opción ni un candidato, pero estoy muy satisfecho. Después de que ninguna propuesta haya prosperado, al fin se ha logrado consenso, algo tan poco habitual en la política.

Ha estado en la oficina desde que se creó, ¿cómo ve su paso de vocal a presidente?

Si fuesen las mismas personas con las que arrancó la comisión no hubiera notado diferencias porque teníamos un nivel de consenso muy alto. Ahora, al haber cambios de miembros hay menos confianza y tengo, además, más responsabilidad. Pero aspiro a crear un buen equipo.

Tras los conflictos por la presidencia y vicepresidencia, ¿se plantea cambiar ese cargo por dos adjuntos como tiene el Defensor del Pueblo?

En principio no voy a introducir elementos que puedan crear nuevos roces. Más adelante si el propio funcionamiento genera la idoneidad, todo se planteará.

¿Cuál ha sido el principal logro de la Comisión?

La independencia. Arrancamos compartiendo local y personal con Participación Ciudadana. Ya tenemos unidad administrativa y sede propia. Eso nos da autonomía.

¿Y la mayor carencia?

Encontrar cauces de comunicación rápidos con las delegaciones. El trámite de las quejas siguen siendo lento, hay que agilizarlo. De media se tarda tres meses.

La ciudad hay que construirla entre todos los que la utilizan"

 

¿Cuál es ahora el reto?

Primero cerrar expedientes en un plazo máximo de dos meses y sanear la tramitación porque aún hay quejas pendientes de 2006.

¿Qué le diría a los sevillanos?

Que todos tenemos que poner nuestro granito de arena para crear una ciudad habitable. No basta con pedir al Ayuntamiento, también hay que participar. La ciudad hay que construirla entre todos los que la utilizan.