Un hombre de 39 años acude a Urgencias del Hospital de Basurto un 19 de junio de 2005 con dolor en la tripa. Dos doctoras le exploran y le dicen que vuelva a casa, que no le pasa nada. Al día siguiente, el hombre vuelve aún con más dolor, sudando y vomitando. Otros cuatro doctores le examinan y deciden operarle de apendicitis 20 horas después de llegar a Urgencias el segundo día. El paciente evoluciona mal tras la cirugía, y cuatro días más tarde, muere.

Los seis médicos que le atendieron se sentaron esta mañana en el banquillo de los acusados del Juzgado de lo Penal en Bilbao. La Fiscalía les acusa de homicidio imprudente y pide por ello 2 años de cárcel para cada uno y 82.000 euros para la familia. Los seis doctores aseguraron que su proceder profesional fue intachable.

¿Cómo es posible? Los seis médicos insistieron en lo atípico del caso. El primer día que el fallecido acudió a Basurto se le hizo una radiografía que mostró heces. "Cuando hay heces se descartan infecciones en el aparato digestivo", explicó la doctora Begoña Salinas. Ella afirma que le dio el alta porque todo iba bien.

Cuando volvió el segundo día sobre las 06.30 horas, se le hizo una ecografía. "En esta prueba no vi nada atípico", relató la radióloga María Isusi. Aquí llega uno de los nudos del juicio. El fallecido tenía el apéndice colocado tras el intestino grueso, algo que sólo le pasa al 0,05% de las personas, según los imputados. Por eso la ecografía no vio ninguna apendicitis. "Y como la prueba no decía nada concluyente y el dolor remitía, dejé al paciente en observación", explica la doctora de Urgencias Ana Isabel Gutiérrez.

Con el enfermo en observación llegó la tarde del 20 de junio. A las 19.30 horas empezó a empeorar. Los análisis de sangre mostraron niveles elevados de urea y creatinina, el paciente no orinaba y tenía un fuerte dolor en los riñones. "Con esa clínica, aposté por una enfermedad renal, así que mandé hacerle un escáner", explicó otra de las doctoras acusadas, Pilar Gómez. Esta prueba se hizo a las 21.00 horas y descubrió el pastel: apendicitis.

"Quedé fuertemente sorprendida. Con los signos del paciente jamás se me ocurrió que fuera apendicitis", aseguró Gómez. Ella misma ordenó la operación urgente y a las 23.30 horas se intervino al paciente. Según los acusados la operación fue exitosa, pero la evolución del enfermo mala, y cuatro días más tarde, murió.

El abogado de la acusación particular recordó a los periodistas en un receso de la vista que los imputados en un juicio pueden emitir falso testimonio sin ser penados por ello. Su tesis es que hubo imprudencia profesional y que los médicos se han compinchado para escurrir el bulto.

Mañana miércoles comparecerán ante el tribunal en calidad de testigos los familiares del fallecido.