Laura Bressy nunca pensó que se estrenaría como madre en un oscuro rincón del aparcamiento del Hospital San Pedro. Pero desde hace cuatro días, esta mujer, francesa de nacimiento y casada con un logroñés, vive y duerme en su coche para poder estar cerca de su primer hijo, un recién nacido al que debe amamantar cada tres horas, informa LaRioja.com .

«¿Cómo quieren que deje a mi niño en el hospital, como si fuera un mueble, con 38,5 grados de fiebre?», se pregunta. Según denuncia la madre, de 34 años, las autoridades sanitarias no le habilitan un espacio dentro del recinto. Laura, que reside en Fuenmayor, dio a luz el 7 de octubre en un parto por cesárea después de 42 semanas de embarazo.

Vive y duerme en su coche para poder estar cerca de su primer hijo al que debe amamantar cada tres horas

«Estoy agotada porque el jueves me acabaron de quitar los puntos de la operación», explica. Pero en vez de volverse a casa, como el resto de las madres, su pequeño tuvo que ser ingresado en la sección de Neonatología por una gastroenteritis. «Estaba hecho un trapillo pero no me podía quedar en la misma habitación», cuenta. En ese momento, comenzó su calvario.

El protocolo de Salud establece que las madres de fuera de Logroño que deban permanecer junto a sus hijos por motivos médicos tienen derecho a ser alojadas en un hotel de la ciudad. En este caso, la Consejería ofreció a Laura una habitación en el Hotel Isasa, ubicado en Doctores Castroviejo. Pero a juicio de la mujer, Salud «se lava las manos sin proponer una solución real».

Estaba hecho un trapillo pero no me podía quedar en la misma habitación

En su opinión, la propuesta es inviable porque «no merece la pena ir del hotel al hospital cada tres horas, teniendo en cuenta, además, los atascos de La Estrella». «Si el alojamiento estuviera más cerca, ni me lo habría pensado», asegura para demostrar que su petición no es un capricho, sino una necesidad.

Durante esta semana, Laura ha dormido en el vehículo familiar, un Fiat Escudo. Su marido ha instalado una plataforma dentro del monovolumen sobre la que ha colocado un colchón. Con un juego de sábanas y un saco de dormir, la mujer pasa allí día y noche. «Me pongo el despertador cada tres horas, salvo la toma de las tres de la mañana, que me la salto porque si no, no podría dormir», subraya.

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