Jackson Pollock - Mural, 1943
'Mural', de Jackson Pollock The University of Iowa Museum of Art © The Pollock-Krasner Foundation, VEGAP, Bilbao, 2016

Quizá la más acertada definición del expresionismo abstracto —el movimiento de renuncia a toda representación formal que surgió en Nueva York tras la II Guerra Mundial y acaso como respuesta a sus dramáticas consecuencias para la humanidad— la enunció el más conocido de los artistas de la escuela, Jackson Pollock (1912-1956) mediante una afirmación de una simpleza solo aparente: "La pintura abstracta es abstracta".

El prematuramente muerto artista de las salpicaduras, que curiosamente comenzó su carrera deseando ser un buen imitador de El Greco y, por ende, un defensor de la figuración, puso en el ambiente artístico unos años más tarde un estilo de ilimitada libertad y ausencia de formalismos. "(La pintura) se enfrenta a ti", afirmaba. Aunque es el artista quien expresa emociones y transmite presencia a través de la obra, es la percepción del observador la que la concluye, precisaba.

El Museo Guggenheim de Bilbao se puebla con la libertad absoluta del estilo de Pollock y bastantes de sus colegas de escuela en la muestra antológica Expresionismo Abstracto, que se celebra del 3 de febrero al 4 de junio. Organizada por la Royal Academy of Arts de Londres, que la estrenó en otoño de 2016, la exposición es la primera de gran calado montada en Europa sobre el movimiento, que los promotores prefieren llamar "fenómeno", desde hace casi cincuenta años.

Entre las 130 obras que presenta la muestra hay cuadros y esculturas de los más conocidos maestros de la abstracción —Pollock, Mark Rothko, Willem de Kooning, Robert Motherwell—, junto con obras de otros artistas que alcanzaron menos resonancia pública, como Hans Hofmann, William Baziotes, Arshile Gorky, Gerome Kamrowski, David Smith, Franz KlineBarnett Newman, Ad Reinhardt, Clyfford Still...

'Free jazz' y poesía 'beat'

La intención de las pinacotecas es iluminar con una "nueva luz" un estilo que con frecuencia es víctima de una visión reduccionista cuando de trata de "un fenómeno diverso, complejo y poliédrico a menudo erróneamente percibido como un todo unificado". También establece el paralelismo con otras expresiones culturales, como el free jazz y la poesía de la generación beat, con el mismo tipo de fraccionada visión de un mundo manchado por la guerra, el enfrentamiento entre bloques y la creciente importancia de los medios de comunicación.

Escapa de toda fórmula establecida El grupo de expresionistas abstractos, que nunca formaron un grupo articulado, rompían con las convenciones de las vanguardias de las primeras décadas del siglo XX. A diferenecia del Cubismo y el Surrealismo que le precedieron, "escapa de toda fórmula establecida y supone una celebración de la diversidad y la libertad individual a la hora de expresarse", mediante "obras de escala colosal, espontáneas y sumamente expresivas" o "contemplativas" mediante la representación de "grandes campos de color", explican desde el museo.

'Encuentros bidireccionales'

Estas creaciones "redefinieron la naturaleza de la pintura" porque aspiraban "no solo a ser admiradas desde lejos, sino también a ser disfrutadas como encuentros bidireccionales entre el artista y el observador. A la vez que el autor expresa sus emociones y transmite la sensación de hacerlas presentes en la obra, la percepción del espectador constituye el elemento final de esta interacción".

Tres de las salas de la muestra son temáticas y están dedicadas al explosivo y rebelde De Kooning, interesado por el simbolismo religioso y la sexualidad; a los rectángulos flotantes de Rotkho, que perseguía crear abstracciones que condensasen poderosos sentimientos humanos como la tragedia, el éxtasis o la fatalidad, y, claro, a Pollock, el adalid del expresionismo abstracto.

Energía visible, recuerdos detenidos en el espacio Con el lienzo sin tratar extendido en el suelo, Pollock vertía y salpicaba pigmentos con sorprendente control, creando laberintos al ritmo que seguía su cuerpo, sugerencias de una especie de escritura mental y reflejos de desahogo muscular. El artista describía estas tracerías como "energía y movimiento hechos visibles, recuerdos detenidos en el espacio".