España registra su peor clasificación histórica en percepción de la corrupción pública

  • Es el 41 de los 176 países analizados por Transparencia Internacional, la peor posición de toda la serie, con la misma puntuación de un año antes.
  • España es el país europeo en el que más ha crecido la percepción de corrupción en los últimos años. "No acabamos de salir del pozo", dice la ONG.
  • La organización alerta del "círculo vicioso" que une a corrupción y desigualdas... y su efecto en la aparicion de partidos populistas y autócratas.
  • Consulta el informe sobre España en la web de Transparencia Internacional.
Percepción de la corrupción
Percepción de la corrupción
TRANSPARENCIA INTERNACIONAL

España repitió en 2016 su peor resultado histórico en el Índice de Percepción de la Corrupción (CPI) que elabora anualmente la ONG Transparencia Internacional (TI). El estudio de la organización mide a través de siete encuestas las percepciones de empresarios y analistas sobre la corrupción en el sector público. Su última edición se ha publicado este miércoles y en ella España alcanza apenas 58 puntos sobre un máximo de 100, la misma puntuación registrada el año anterior.

Pese a repetir puntuación, España baja cinco puestos en la lista de 176 países analizados; se sitúa en la posición 41ª —con la misma nota que Costa Rica y Georgia—, su peor clasificación de toda la serie histórica. Se aleja así de los países nórdicos y centroeuropeos (es 17º de los 28 estados de la UE) y solo aventaja a Italia en cuanto a las grandes economías comunitarias. "Es una posición discreta y ampliamente mejorable", aseguró este miércoles Jesús Lizcano, presidente de la organización, durante la presentación del informe.

España es, además, el país europeo en el que más ha crecido la percepción de corrupción en los últimos años: sumaba 65 puntos en 2012 y desde entonces  muestra una caída de siete enteros en un ranking que, dice la organización, se caracteriza más bien por su estabilidad. Es un desplome considerable que, sin embargo, radica en el gran bajón sufrido en 2013. Desde entonces, se reflejan variaciones interanuales muy pequeñas.

Transparencia matiza que la corrupción en España no es sistémica, pero sí tiene un problema de corrupción política muy serio en los niveles superiores de los partidos y de los gobiernos que debe ser afrontado "sin parches" porque la caída en los últimos años ha sido bastante grave. "No acabamos de salir del pozo... y más no podemos bajar", dicen desde la organización.

"A pesar de las tremendas inversiones en la lucha contra la corrupción, no conseguimos que el fenómeno se reduzca", dice uno de los autores del informe, el catedrático de la Universidad Rey Juan Carlos, Manuel Villoria, para quien "se están haciendo muchos esfuerzos, pero todavía no se ven resultados".

Doce medidas propuestas para combatir la corrupción

En su opinión, los ciudadanos aún no perciben los esfuerzos de las distintas administraciones frente a la corrupción que, por otra parte, parecen aún insuficientes. Según Villoria, aunque hay mayor persecución policial y judicial contra los corruptos, se mantiene la sospecha de que al final quedarán impunes. Otras razones que explican los datos de España son la opacidad en sectores como el energético y el bancario, o la politización de la justicia. "Todo esto hace que los ciudadanos estén muy indignados y que se dispare la percepción de la corrupción".

El catedrático sugiere cierta "aceptación del declive" y no aprecia indicios de mejora, así que insta a los partidos que se "pongan las pilas", que olviden sus diferencias ideológicas y empiecen a considerarlo un "tema de Estado".

La organización, de este modo, apunta doce medidas urgentes para prevenir y combatir la corrupción, entre ellas despolitizar los órganos judiciales, reducir los aforados y cargos a dedo, prohibir indultos en delitos de corrupción, regular lobbys, proteger legalmente a los denunciantes, definir sanciones específicas en la Ley de Transparencia y educar a los ciudadanos en ética, valores e integridad.

Somalia, el país con más percepción de corrupción

A nivel global, Somalia es el país con mayor percepción de corrupción del mundo, con apenas diez puntos sobre un máximo de cien, mientras que en el otro extremo de la clasificación, con 90 puntos, se sitúa Dinamarca. Tras los daneses se sitúa Finlandia (89) puntos, Suecia (88), Suiza (86) y Noruega (85), seguidos por Singapur (84), Holanda (83), Canadá (82) y Alemania, Luxemburgo y Reino Unido, los tres con 81 puntos.

Transparencia Internacional destaca que este año más países han empeorado que mejorado sus resultados y que dos tercios (69%) del total puntúan por debajo de 50 —el punto medio de un escala entre 0 y 100— lo que muestra el "carácter generalizado y masivo" de la corrupción en el sector público y una "necesidad urgente de actuar" contra ella.

El vagón de cola está compuesto principalmente por estados en guerra, fallidos y regímenes totalitarios, como el colista Somalia (8), Sudán del Sur (11) o Corea del Norte (12). En América Latina, la peor puntuación la ostenta Venezuela (19) que repite posición. Entre las grandes potencias, EE UU alcanza la posición 18ª con 74 puntos; China, la 79ª con 40 puntos, empatada con India; y Rusia queda relegada a la 131ª posición, con 29 puntos.

Corrupción y la desigualdad, un círculo vicioso

"En demasiados países las personas están despojadas de sus necesidades más básicas y se acuestan cada noche con hambre a causa de la corrupción, mientras los poderosos y los corruptos disfutan con impunidad de estilos de vida repletos de lujos", critica José Ugaz, líder mundial de la ONG.

Según esta organización, los resultados del estudio de este año muestran que la corrupción sistémica y la  desigualdad se refuerzan recíprocamente. "Se alimentan el uno del otro para crear un círculo vicioso de corrupción, distribución desigual del poder en la sociedad y distribución desigual de la riqueza".

Esta conexión, dice Transparencia, provoca "decepción" en la sociedad hacia su clase política y el surgimiento del  populismo y de la autocracia que, cuando ponen en práctica sus promesas, empiezan a "destruir o manipular" las instituciones democráticas y a "debilitar" las estructuras que ejercen de contrapesos en los Estados.

"En países con líderes populistas se reprime a la sociedad civil, se limita la libertad de prensa y se debilita la independencia judicial", advierte Ugaz, que pone como ejemplo a dos países como Hungría (liderada por el nacionalista Viktor Orban) y la Turquía de Erdogan.

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