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Viajeros en los andenes de la estación de Zona Universitària del metro al aeropuerto. CARLA MERCADER

Es miércoles, son las 10 de la mañana y el andén de la parada de Zona Universitària, la única que permite coger el metro hasta el aeropuerto en Barcelona, está vacío. Si se permanece allí media hora, se puede ver que se alternan intervalos en los que no hay nadie con otros en los que a los sumo aparecen seis personas que bajan de un tren o llegan para esperar el siguiente.

Tranquilidad y silencio solo interrumpido por algún que otro aviso a través de megafonía. Ese es el lujo, pero también la lacra, de la nueva L9 Sud al aeropuerto, que costó casi 3.000 millones de euros y que no tiene los usuarios esperados.

Datos que ha facilitado Transports Metropolitans de Barcelona (TMB) a 20minutos, que datan del pasado noviembre y que son los últimos disponibles, muestran que la línea registra unos 50.000 pasajeros los días laborables.

Esta cifra –que según fuentes de la empresa pública no se prevé que haya variado mucho en los meses siguientes– representa solo el 67% de la demanda que la Generalitat tenía prevista para cuando la nueva infraestructura cumpliera un año y alcanzara su estadio de madurez, una fecha que llegará el mes que viene.

Las estaciones más transitadas son las de enlace con otras líneasLas estaciones más transitadas son las de enlace con otras líneas, mientras que las dos del aeropuerto registran una media de 7.600 viajeros los días laborables y de 8.500 los festivos. Se trata de una demanda escasa si se compara con la del Aerobús, con más de 15.000 usuarios diarios.

Desde TMB, atribuyen que el número de pasajeros de la L9 Sud no sea el esperado a que "el tiempo de captación empezó en la primavera y el verano de 2016, en un contexto de conflictividad laboral que generó una pérdida de pasaje en el conjunto de la red de metro".

Los usuarios consultados por este diario, sin embargo, señalan otros motivos para explicar la baja demanda de la línea. "Es incómodo que se tenga que ir hasta Zona Universitària para coger el metro al aeropuerto", apuntan Félix y Teresa, un matrimonio de jubilados que espera con sus maletas en el andén.

Josep Piqué, arquitecto de 25 años, considera "carísimo" el servicio, con un precio de 4,5 euros, y se queja de que el billete no permite hacer transbordo.

Y Esther Llobera, una profesora de 47 años, señala que el metro "debería pasar más a menudo, porque tiene una frecuencia de paso de más de cinco minutos".

Aunque son menos, también hay usuarios contentos con la línea, como Iria Domínguez, una enfermera de 28 años de Canarias que la utilizó para llegar desde el aeropuerto a la ciudad y repite para irse. "Me ha ido bien porque estaba alojada al lado de Zona Universitària", explica.

Desde la Associació per a la Promoció del Transport Públic (PTP), su presidente, Ricard Riol, califica de "desastre" la L9 Sud. "Las tarifas son disuasivas", dice, y añade que "es muy rápida pero no llega al centro de la ciudad".

Ante este problema, pide que "todos los convoyes de la R2 de Rodalies paren en El Prat", para que la gente pueda coger los trenes de Renfe en el centro de Barcelona y enlazar allí con el metro al aeropuerto.

Por otro lado, señala que terminar de construir la L9 Sud, lo que permitirá tomarla desde más puntos de Barcelona, no será una solución a la baja demanda, pues el tramo por acabar no está proyectado en barrios céntricos.

Piden la L2 hasta el aeropuerto

Tanto la PTP como diversos viajeros, consideran que lo ideal sería que la que llegara al aeropuerto fuera la L2 del metro, una línea que atraviesa el centro de la ciudad.

Se trata de un proyecto previsto por la Generalitat pero que lleva años parado y para el que no hay fecha.

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