El alumnado inmigrante sigue batiendo récords en A Coruña. Este curso ya son alrededor de 1.400 los estudiantes extranjeros en los colegios coruñeses. Lo dicen los datos de la Xunta, que sitúan el crecimiento de matriculados foráneos en más de un 10% respecto a los que había el año pasado (1.251).

La capital coruñesa sigue así, junto con Vigo, a la cabeza de Galicia en número de inmigrantes en ciclos no universitarios. El aumento en la ciudad está siendo espectacular.

En tres años prácticamente se ha doblado la cifra de estudiantes de otra nacionalidad –eran 755 en 2004– y ya suponen el 4% del total de alumnos de colegios e institutos.

Proceden de todos los continentes. Según la Xunta, en los 80 centros herculinos se cuentan hasta 60 nacionalidades distintas. La mayoría son colombianos y argentinos, lo que facilita su integración al no existir la barrera del idioma.

Un problema que sí se da en el caso de chinos o marroquíes y que a veces se soluciona «improvisando» clases de refuerzo, como dicen desde un colegio coruñés. Esta cuestión acapara la mayoría de las quejas de los centros, que exigen a la Xunta «un plan realista de integración», porque, según dicen, ahora «cada uno lo afronta a su manera».

El refuerzo diario es la clave

En el colegio Karbo, el 10% del alumnado es foráneo. La integración se basa en refuerzo y «normalidad» Ô Sus nombres son Luana, Corina, Claudia, Jeniffer e Irinel. Son de Brasil, Perú y Rumanía. Estudian cuarto de Primaria en el colegio Karbo. Un centro concertado en el que también hay argentinos, uruguayos, chinos, marroquíes y ucranianos. Todo un crisol de razas, culturas y religiones. Desde católicos hasta ortodoxos, pasando por evangelistas y musulmanes.

De los 200 matriculados en este colegio de Infantil y Primaria, el 10% (20) viene de fuera. Una de las mayores concentraciones de alumnado foráneo de A Coruña y uno de los lugares con mayor éxito a la hora de lograr su integración.

La receta la explica Cristina Odila, una de las dos responsables de dar clases de apoyo a los estudiantes de fuera: «Van a clase con el resto de sus compañeros, con normalidad, y reciben dos horas de refuerzo al día, para aprender la lengua y repasar las materias que necesiten», además de llevarse a casa deberes para eliminar cuanto antes cualquier desfase educativo.

Todos ellos son menores de 12 años y «a estas edades es más fácil que superen las dificultades», dice Cristina. La mayor es el idioma; tras sortear esa barrera, son como uno más en el aula. «Al ser pequeños no hay choque cultural, eso lo superan al momento; los problemas que tienen para aprender son los de cualquier niño», señala la profesora.

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