Son las 18.30 de un día lluvioso y llego a la parada de Santo Domingo Sabio. Un cuarto de hora más tarde y despúes de ver cómo pasaban tres autobuses de otra línea y otro se iba a cochera llega el número 6.

Va casi vacio, y ya en la segunda parada, se llena casi completamente. La gente ya no tiene dónde sentarse y lucha por ser el primero o la primera en conseguir hacerse un hueco para agarrarse de la barandilla. Misión imposible. En la tercera parada, ya no cabe ni un alfiler.

En la parada de la plaza de la Reina sube Francisco, de 73 años, que comenta: «A veces, los conductores no hacen bien su trabajo porque no se arriman a la parada y la gente mayor o los minusválidos tienen problemas para poder subir». Francisco añade: «Sobre todo estos días que llueve, al no arrimar el autobús a la parada, es un problema, porque esta todo encharcado y acabas mojándote los pies».

En la plaza del Ayuntamiento sube Gala, una estudiante de Bachillerato, de 17 años, que me cuenta: «Cojo el bus todas las mañanas sobre las 7.30 h para ir a clase, y siempre va superlleno, es muy agobiante viajar de esta forma porque no tienes sitio para sentarte y casi no puedes agarrarte». La chica, bastante disconforme con el servicio, afirma: «Podrían poner más autobuses, sobre todo a esas horas de la mañana para las personas que trabajan y que van a clase».

Tras hablar con la gente, llego a la conclusión de que la mayoría de los viajeros se queja porque, justo a la hora de dirigirse a su trabajo, los vehículos van tan llenos que tienen que esperar al siguiente, que va más vacio o coger un taxi para llegar a tiempo al curro. Son las 20.07 y por fin llego al final de mi recorrido.