Baldomero Heredia
Baldomero Heredia en su trabajo con el bastón con cabeza de caballo y trenza granadina. Bárbara Julbe

Baldomero Heredia tiene 48 años y hace 38 que vive en Girona. Su primer encuentro con la ciudad fue cuando era niño con tan sólo 8 años. Vino con sus padres, que emigraron de Granada para encontrar un trabajo mejor.

Le gusta vivir en Girona pero extraña el clima, la comida, la gente de su tierra aunque junto a él tiene a su mujer, a la que conoció en Purullena (Granada) durante unas vacaciones que Baldomero pasó allí y a su lado también están sus cuatro hijos.

Su verdadera pasión -y que da rienda suelta en sus ratos libres- es forrar bastones

Después de trabajar en la construcción, en el bosque y en un restaurante, Baldomero encontró su empleo actual: el parking. Hace 7 años que lo regenta. Situado en plena calle Barcelona desde esta taquilla de poco más de 4 metros de superficie ha visto como ha ido cambiando la zona: se ha ido poblando de viviendas y de gente que va de compras.

Su verdadera pasión -y que da rienda suelta en sus ratos libres- es forrar bastones. Hace 4 años que tiene este hobby y de momento, ya ha acabado más de un centenar.

Todo empezó porqué su tío trajo un ejemplar de Granada y decidió atreverse a hacerlos más complicados copiando ese modelo. Primero ya los hacía cosidos a un cabo, después a dos y finalmente mirando el de su tío aprendió de manera autodidacta a hacer trenzados y hasta flecos.

Ahora elabora bastones de muchos colores (negros, marrones, blancos y entremezclados) con pieles que le sirven curtidores de retales que les sobran. Las varas las encuentra en Tordera (Barcelona). Se trata de juncos verdaderos, aunque también hay -y él los compra- de almendros.

Todo empezó porqué su tío trajo un ejemplar de Granada y decidió atreverse a hacerlos más complicados

Lo que le gusta más es combinar colores y hacer la trenza granadina que es la que ha hecho en un bastón con cabeza de caballo. Se trata de una vara especial que un día le regalaron. En la parte superior del bastón había dibujado un caballo, él le hizo el bocado y con extensiones le puso los pelos. Finalmente, elaboró la trenza.

Por todo su trabajo la gente está dispuesta a pagarle hasta 150 euros. Los más sencillos cuestan unos 60 euros. Pero Baldomero no los suele vender. La mayoría de veces los regala porque el rato que tarda -entre 3 y 4 horas- lo disfruta tanto que para él esto no tiene precio.

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