La La Land (La ciudad de las estrellas)
Emma Stone y Ryan Gosling protagonizan 'La ciudad de las estrellas (La La Land)' Universal

Hay películas decididas a convertir el patio de butacas del cine en una sala de baile. Al musical, uno de los géneros más genuinos del cine clásico, también uno de los más mimados por los premios Oscar, se le ha dado por muerto más de una vez. Pero no solo nunca se ha ido sino que cada cierto tiempo experimenta un revalorización. La ciudad de las estrellas (La La Land), con Emma Stone y Ryan Gosling, que se estrenó este 13 de enero, es la nueva sensación. Ya ha ganado el récord de siete Globos de Oro y promete acaparar un buen número de candidaturas y premios en los Oscar 2017.

Todavía mayor expectación si cabe, y apuntando a taquillazo, el 17 de marzo llegará la versión con personajes y hueso del clásico de Disney La bella y la bestia. Antes, la producción francesa Ballerina, que tiene previsto estrenarse el 23 de enero, nos recordará que al cine de animación siempre se le ha dado muy bien el incluir canciones y números de baile en sus argumentos.

En 2001 'Moulin Rouge' se convirtió en un musical emblemático y 'Chicago, de 2002,' ganaría el Oscar a la mejor película Y es que el nuevo milenio no pudo empezar mejor. Cuando aún resonaba el taquillazo de Billy Elliot (Quiero bailar), ya en 2001 el desbordante barroquismo colorista, el romance con ecos trágicos de opereta y la irresistible selección musical anacrónica de Moulin Rouge sedujo a las plateas de la mano de Nicole Kidman y Ewan McGregor.

Al arrebatador jukebox musical del australiano Baz Luhrmann se le ama o se le detesta, pero es uno de los más icónicos de este siglo. Los hermanos Coen también se lanzaron a su particular homenaje al cine del Hollywood clásico incluyendo coreografías y canciones en la reciente ¡Ave, César! que gustó a los críticos, aunque bastante menos al público.

No siempre es fácil llegar al gran público con propuestas rompedoras. Una de las mejores es del mismo año que Moulin Rouge, la historia del transexual cantante de Rock de Hedwig and the Angry Inch (2001), dirigida, protagonizada y escrita por John Cameron Mitchell. No menos deslumbrante, y desconcertante, fue la también excesiva Across the Universe (2007), dirigida por Julie Taymor y ambientada en los compulsos y reivindicativos años 60.

Pero lo dicho. Los inicios del siglo XXI fueron propicios para el musical. Al éxito de Moulin Rouge le siguió, al año siguiente, el Oscar a la mejor película para Chicago (2002), con Renée Zellweger, Catherine Zeta-Jones —mejor actriz secundaria— y Richard Gere, mientras que su director, Rob Marshall, destacó como el mejor especialista en Hollywood para musicales y fue el elegido para realizar Nine (2009) e Into the Woods (2014), también un todoterreno apto tanto para adaptaciones de best-sellers de prestigio como Memorias de una Geisha o una nueva entrega de Piratas del Caribe.

Del escenario a la pantalla y taquillazos

Los grandes éxitos de Broadway han servido tradicionalmente de inspiración. La más reciente de las adaptaciones con cierto éxito ha sido la de Los miserables (2012), por la que Anne Hathaway logró el Oscar como mejor secundaria. Gran expectación, aunque con resultados quizá por debajo de lo esperado tuvieron Sweeney Todd (2007) a cargo de Tim Burton, y El fantasma de la ópera (2004) dirigida por Joel Schumacher. Bastante más desapercibidos pasaron Annie (2014), Los productores (2005), La era del rock (2012) o Rent (2005).

Otra de las grandes pasiones del musical es el biopic. Dos de los mejores ejemplos son la biografía de la gran Edith Piaf en La vida en rosa (2007) que le valió a Marion Cotillard el Oscar a la mejor actriz, también logró la estatuilla Reese Whiterspon por En la cuerda floja (2005), aunque la historia estuviera basada en una de las grandes figuras de la música country, el cantautor Johnny Cash —Joaquin Phoenix lo encarnó en esta ficción—. Jamie Foxx fue Ray Charles en la película de 2004, Kevin Kline el compositor Cole Porter en De-Lovely (2004) y Eminem se basó en parte en sí mismo para su personaje de 8 millas, y Dreamgirls (2006) se inspiró en las Supremes.

Uno de los taquillazos más impresionantes, y sorprendentes del siglo ha sido la adaptación de Mamma Mia!, con Meryl Streep y Amanda Seyfried, al ritmo de la vitalista y emblemática música pop de Abba. Fue la quinta más taquillera a nivel mundial en 2008, un año marcado por los bombazos de El caballero oscuro o la cuarta entrega de Indiana Jones. Un año antes, en 2007, Hairspray también había logrado una más que digna versión protagonizada por Zac Efron, y con Michelle Pfeiffer, John Travolta y Christopher Walken como secundarios de lujo. El público también ha respondido a las dos entregas hasta el momento de Dando la nota (2012-2015).

Cine de animación y de también de autor

El cine de autor más personal ha dado sus buenos frutos. El danés Lars von Trier puso al atribulado personaje que interpretaba la cantante Björk en una historia que la situaba en desgracia tras desgracia aún mayor en Bailar en la oscuridad (2000). Mucho más suave se mostró el francés François Ozon divirtiéndonos con 8 mujeres (2002), irregular, pero con el impagable placer de ver a grandes damas del cine galo, Catherine Deneuve, Isabelle Huppert, Emmanuelle Béart y Fanny Ardant, cantando y bailando. Y antes de ponerse con Thor, el británico Kenneth Branagh adaptó a Mozart en La flauta mágica (2006).

Pero si hay un auténtico especialista actual, y con sello propio, este es el irlandés John Carney. Producciones más modestas y sinceras como la reciente Sing Street, ambientada en los 80; Begin Again (2013), protagonizada por Keira Knightley y Mark Ruffalo; o la que le dio a conocer internacionalmente, Once (2007), con Oscar a la mejor canción incluido. En 2013, y desde el Reino Unido, nos llegó Amanece en Edimburgo, dirigida por Dexter Fletcher.

Inevitable cerrar con los clásicos de la animación modernos como Frozen de Disney o La novia cadáver dirigida por Tim Burton. La factoría de tío Walt ha dado además joyas como Vaiana, Enredados y Tiana y el sapo. Pero no todo es Disney o Burton, ni mucho menos el contar con personajes humanos. En la recientemente estrenada ¡Canta! un koala es el arrojado empresario teatral protagonista; o en Happy Feet: Rompiendo el hielo (2006) era un pingüino quien descubría sus habilidades como bailarín de claqué.

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