Antes de Ben Affleck, antes de Christian Bale, antes de George Clooney y antes de Val Kilmer, Batman era Michael Keaton. Él fue el primer caballero oscuro de la gran pantalla y, junto a Tim Burton, convirtieron al héroe de Gotham en un icono aún mayor de lo que ya era gracias a los cómics y la serie protagonizada por Adam West.

Keaton se enfundó el traje del hombre murciélago en 1989, para enfrentarse al Joker de Jack Nicholson, y una vez más en 1991 para protagonizar la secuela, Batman Returns. Sin embargo, esa fue la última vez que disfrutó de la Batcueva y el resto de batcachivaches que oculta el multimillonario Bruce Wayne bajo su mansión.

Según ha revelado el propio Keaton en declaraciones a The Hollywood Reporter, Warner le ofreció convertirse en Batman por tercera vez, pero él lo rechazó. ¿El motivo? Tim Burton había abandonado la franquicia y Joel Schumacher llegó para tomar el relevo con un planteamiento que nada gustó al actor.

"Apestaba", asegura Keaton en relación con el guion de Batman Forever que le mostraron. "Sabía que estábamos en problemas desde el momento en el que Schumacher dijo '¿Por qué todo tiene que ser tan oscuro?'", sentencia.

Finalmente Val Kilmer tomó el relevo de Keaton al frente de Batman Forever, película en la que se enfrentó a Enigma y Dos Caras, villanos encarnados por Jim Carrey y Tommy Lee Jones respectivamente.

La película fue mala, pero no tanto como la cuarta entrega, Batman y Robin, esta vez con George Clooney, Arnold Schwarzenegger y Uma Thurman, un producto tan vergonzante que es una auténtica obra de arte para los amantes del cine cutre.