El grupo de investigación 'Análisis de Relieve y Procesos Activos' (ARPA), formado por investigadores del departamento de Geodinámica de la Universidad de Granada (UGR) y del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), ha desarrollado en los últimos años estudios orientados al análisis y control de movimientos del terreno en diversas regiones de España y en otros países como Italia, Costa Rica o Ecuador.

La información recabada en estos estudios ha servido para que la Agencia Espacial Europea (ESA) involucrara a Jorge P. Galve, investigador de la UGR, como colaborador en uno de sus grandes proyectos, The Geohazards Exploitation Platform and Portal (GEP). Este científico es uno de los 45 expertos en riesgos naturales de todo el mundo implicados en el proyecto que desarrolla la ESA.

GEP es una plataforma web en desarrollo desde donde se pueden procesar imágenes satélite utilizando los servidores de la ESA. Esta plataforma todavía es un prototipo, y uno de sus objetivos es localizar y monitorizar movimientos en la superficie de la Tierra causados principalmente por la actividad sísmica, volcánica, por deslizamientos e incluso por la acción humana, como por ejemplo la extracción de agua o hidrocarburos del subsuelo.

La labor de Jorge P. Galve, y del grupo ARPA del que forma parte, es evaluar los resultados obtenidos por la plataforma de la ESA con datos propios y localizar nuevos ejemplos donde puedan estar surgiendo problemas a causa de los movimientos del terreno, según informa la UGR en un comunicado.

Hasta el momento, los estudios realizados en las urbanizaciones Cármenes del Mar y Marina del Este, situadas en Almuñécar (Granada), han sido esenciales para la evaluación de los datos ofrecidos por la plataforma de la ESA. Estas urbanizaciones han sido el foco de los medios de comunicación debido a los daños severos que han sufrido sus edificios a causa del deslizamiento de la ladera donde se asientan.

Las investigaciones se han basado en la aplicación de una técnica denominada interferometría que permite crear un mapa de movimientos de la superficie terrestre. Aunque parezca sorprendente, esta técnica puede reconocer pequeños cambios de unos pocos milímetros mediante la comparación de imágenes radar obtenidas por un satélite a varios cientos de kilómetros de altura.

Estos cambios, aunque imperceptibles para el ojo humano, si se sostienen en el tiempo pueden en un momento dado inutilizar una infraestructura, dañar irremediablemente una construcción o poner en riesgo la vida humana. Este último caso se da cuando esos pequeños movimientos pueden ser el preludio de un movimiento más rápido que deriva en corrimientos de tierra con la capacidad de arrastrar medios de transporte, sepultar edificaciones o derribar construcciones.

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