Jackson Pollock - Stenographic Figure, 1942
Cuadro de Jackson Pollock con ecos de su admirado Picasso The Museum of Modern Art, New York- Foto: © 2016 Digital Image MoMA, New York/Scala, Florenz

"Cuando estás pintando sin la intervención del inconsciente, las figuras surgen de manera obligatoria". Nadie diría que la afirmación, formulada en 1956, pocos meses antes de la muerte de quien la pronunció, pertenece a Jackson Pollock (1912-1956), que perdió la vida prematuramente a los 44 años —conducía borracho y el coche se salió de la calzada— cuando era una luminaria de la abstracción más radical del siglo XX.

Una nueva exposición, Der figurative Pollock (El figurativo Pollock), hasta el 22 de enero en el Kuntsmuseum de Basilea (Suiza), muestra una faceta solo conocida por los expertos del inicio de la carrera del estadounidense, cuando deseaba lograr la expresividad torturada de El Greco y la majestad lumínica de Rembrandt y pensaba dedicarse a la pintura mural realista que practicaban los mexicanos Rivera, Orozco y Siqueiros.

Posible trastorno bipolar

Maestro de la abstracción por salpicaduras —estilo que abandonó sin dar demasiadas explicaciones en el momento de apogeo de la escuela y cuando sus cuadros se vendían por mucho dinero—, de carácter complicado y estado de ánimo sujeto a severos cambios de humor (estudios recientes apuntan a un posible trastorno bipolar), Pollock era solitario y enemigo de la ortodoxia —pintaba sobre el suelo para poder "estar dentro del cuadro" (los críticos llamaron al estilo action painting)—.

Durante sus años de gloria desechaba los pinceles para trabajar con instrumental de jardinería, cuchillos, varas, las manos, y con la pintura diluida con arena, vidrios rotos y otros materiales—, Pollock, a quien llamaban Jack el Salpicador, pintó mucho y muy deprisa para los pocos años que pasó en el mundo.

La mirada puesta en Picasso

Sin embargo, su obra temprana sigue siendo una incógnita de indecisión. La muestra de Basilea permite recorrer, a través de un centenar de obras en papel, lienzo y madera,  cómo Pollock emergió de las escuelas modernistas de los EE UU —se había formado en el regionalismo de Thomas Hart Benton— e intentó desarrollar un estilo propio a partir de los barrocos italianos y holandeses y, poco más tarde, con la mirada puesta en Picasso, cuyo influjo puede adivinarse en Stenographic Figure (1942).

Conoció y trató en persona a Siqueiros, Orozco y RiveraDer figurative Pollock muestra también el creciente interés por el arte de los pueblos indígenas de América del Norte y, entre las décadas de los años treinta y cuarenta, el creciente interés con que se introducía en la poderosa iconografía socializante de la fértil escuela de los muralistas mexicanos. Pollock conoció y trató en persona a Siqueiros, Orozco y Rivera.

'¿El mejor pintor vivo de los EE UU?'

La exposición traza la rápida evolución creativa de Pollock, que ya a finales de los años cuarenta había sido presentado por algunos influyentes medios de comunicación como una luminaria —en 1949 la revista Life le dedicó un reportaje con el titular: "¿Es este el mejor pintor vivo de los EE UU?"—. Los cuadros goteados o salpicados más famosos son "omitidos deliberadamente" para "llamar la atención" sobre las obras "frecuentemente marginadas" de los inicios.

Una pintura nueva de  ilimitado potencial También se incluyen varias tardías pinturas negras, los primeros abstractos monocromáticos pintados en los EE UU, que en torno a 1965 situaron al artista, según el influyente historiador de arte Michael Fried, "al borde de un tipo de pintura totalmente nueva y diferente, de prácticamente ilimitado potencial". Se trata de obras de esmalte negro y óleo de gran intensidad cinética y sin ninguna concesión al colorismo decorativo.

Una carrera 'circular'

Parecen explosiones desesperadas y en ocasiones es posible entrever el alma del artista en los trazos arrojados, salpicados y extendidos sobre las telas, que vuelven a representar, aunque de modo abstracto, caras y formas humanas, un contenido por el que sólo se había interesado al comienzo de su carrera, circunstancia que llama la atención al museo suizo por la aparente trayectoria circular de Pollock.