Robert Rauschenberg - Monogram, 1955-59
El famoso 'Monograma' de Rauschenberg con la cabra taxidermizada Moderna Museet, Stockholm © Robert Rauschenberg Foundation, New York

La amplísima obra en todo formato —pinturas, collages, ensamblajes, fotografías, grabados...— que dejó tras sí Robert Rauschenberg  (1925-2008) cuando murió a los 82 años, tras negarse a seguir recibiendo tratamiento médico invasivo por una lesión cardíaca, ha sido clasificada por algún crítico en cuatro grupos: primero, piezas fabricadas a partir de materiales encontrados mundo adelante; segundo, piezas relacionadas con las actividades de las personas; tercero, piezas basados en la mirada fotográfica, y cuarto, piezas sobre el inmenso valor del color blanco.

Quienes conocían al artista y gozaban de su gentil buen humor saben que el último apartado era el más querido por Rauschenberg, uno de los artistas más influyentes, iconoclastas, libertarios, humildes y combativos del siglo XX. "Un lienzo vacío ya está lleno", era una de las divisas que mejor y más cuadraban con su espíritu travieso.

'Escaparme del blanco y negro'

En un año tan temprano como 1951 firmó su primera serie monocromática, White Paintings (Pinturas blancas), a las que fue añadiendo otras basadas en el rojo o el azul. No pretendía, como Malevich en 1918 con el Cuadrado Negro, reducir la pintura a la pura experiencia óptica, sino añadirle como textura capas de materiales banales —hojas de periódicos, envoltorios, papeles...—. "Quería escaparme del blanco y negro. Blanco o negro, no blanco-y-negro. Escogí los colores más difíciles para trabajar", explicó.

La Tate Modern de Londres, en colaboración con el MoMA de Nueva York en la organización, va a inaugurar la primera antología póstuma de Rauschenberg. Será una de las grandes citas artísticas de la temporada de invierno-primavera, estará en cartel entre el uno de diciembre y el cuatro de abril y se presenta como la oportunidad de "descubrir al maestro moderno estadounidense que cambió el rostro del arte".

Todo el poder para los espectadores

¿Exageración? En absoluto: hablamos de uno de los padres del pop art en los EE UU, un creador de montajes con objetos producidos en masa, una visionario que hizo de su cama una instalación medio siglo antes que la sobrestimada Tracey Emin, un fanático de los cambios, uno de los primeros en entregar todo el poder de interpretación a los espectadores y una "influencia global" en las últimas décadas.

Incluyó en su temario antes que nadie a políticos deportistas y estrellas del pop "Artista texano con pasión por el mundo", dicen desde el museo, Rauschenberg "se negó a aceptar las categorías convencionales de lo que era y no era arte". Buscó la innovación con "curiosidad ilimitada" y entusiasmo por nuevas formas de actuar: trabajó con imágenes y materiales de medios de comunicación populares, con basura, objetos encontrados al azar... e incluyó en su temario antes que nadie a políticos —como a JFK, que aparece en el collage Retroactive II, culminado pocas horas después del asesinato del presidente—, deportistas y estrellas del pop.

La cabeza de cabra 'Monograma'

Una de las obras más esperadas es Monograma, una cabra de taxidermia, comprada en un ropavejero, colocada sobre un montaje de pinturas y ensamblada como una obra tridimensional. Es uno de los combine (combinaciones), obras híbridas con las que Rauschenberg, que acababa de cumplir 30 años, rompió relaciones mediante un audaz desafío con el expresionismo abstracto que había dominado el arte de los EE UU.

No establecía distinciones entre objetos artísticos y objetos cotidianos El valiente y curioso artista fue el primero en no establecer distinciones entre objetos artísticos y objetos cotidianos. En una de sus declaraciones más repetidas se refirió a la cuestión con ánimo casi político: "Me apenan quienes dicen que las jaboneras, los espejos o las botellas de cola son feos. Viven rodeados de esos objetos y deben sentirse miserables".

Arte y vida, inseparables

"Rauschenberg veía la experiencia del arte como inseparable de la experiencia de la vida", añaden los  organizadores. Explotó el mito del artista que trabajaba aislado en el estudio y se deleitó en "conectar las cosas del mundo y los materiales y estrategias tradicionalmente asociadas con el arte alto, abriendo un nuevo sendero para la creación" y convirtiéndose "en un faro para los artistas de las siguientes generaciones".