Los ex primeros ministros de Francia François Fillon y Alain Juppé se disputarán en segunda vuelta el liderazgo de la derecha francesa después de que las primarias conservadoras celebradas este domingo dejasen fuera de la carrera por el Elíseo a Nicolas Sarkozy. El expresidente francés ha aceptado su derrota y ha anunciado que votará a Fillon en la segunda vuelta, de cuyas ideas políticas se encuentra "más cerca".

Según el recuento de más de 8.400 mesas de las 10.000 totales, Fillon parte como favorito para hacerse con la candidatura presidencial (44,2%), al quedar muy por delante de sus rivales, Alain Juppé (28,5%) y Nicolas Sarkozy (21,1%), que ya ha anunciado que se retira.

Al no lograr ninguno de los candidatos el 50% de los apoyos, los dos más votados deberán disputarse la candidatura de la derecha en una segunda vuelta de las primarias.

Una de las claves de la jornada electoral ha sido la alta participación, superior a los 3 millones de electores, según el partido Los Republicanos.

Fillon, el liberal en segunda fila

François Fillon, ex primer ministro que se ve como el único capaz de reformar Francia y dirigirla "con dignidad", es desde este domingo el gran favorito para ser el candidato de la derecha a la Presidencia con un programa que combina un enfoque liberal en lo económico y conservador en lo moral.

Padre de cinco hijos, con un proyecto que califica de "radical", de Sarkozy se distanció de forma muy visible, para pasar de ser su fiel colaborador a convertirse en uno de sus más fervientes rivales, aunque finalmente el expresidente ha pedido el voto para él.

Se ha propuesto eliminar una de las grandes medidas de la izquierda gala en las últimas décadas: la jornada laboral de 35 horas. Además, favorable a la reducción del número de funcionarios, ha hecho de esa idea una de las más comentadas de su programa, con la intención de suprimir 500.000 puestos, compensados con un aumento del tiempo de trabajo en los empleos públicos. 

Tiene en la liberalización de la economía, la restauración de la autoridad del Estado y la afirmación de los valores sus ejes prioritarios.

Su campo de batalla incluye reservar la adopción plena y la procreación asistida a las parejas heterosexuales y prohibir la gestación subrogada (vientres de alquiler), así como una bajada de las cotizaciones sobre todos los salarios.

Prevé alcanzar un ahorro en el gasto público de 100.000 millones de euros en cinco años y de incrementar en 12.000 millones el presupuesto de Defensa y Seguridad, en un proyecto que dice estar cerrado a cesiones.

Fue ministro de Educación Superior (1993-1995) en el Ejecutivo de Édouard Balladur, titular de Tecnologías de la Información (mayo-noviembre 1995) y ministro delegado de Telecomunicaciones (1995-1997) en el de Alain Juppé, sus carteras incluyen también la de Asuntos Sociales (2002-2004) con Jean-Pierre Raffarin.
De nuevo al frente de Educación en 2004, para cuando llegó a la jefatura de Gobierno de la mano de Sarkozy.

Juppé, un ave fénix a la sombra de Chirac

Si algo caracteriza a los políticos franceses es su longevidad, que permite a personajes defenestrados regresar tras un período de ostracismo. Inscrito en esa estirpe de ave fénix, Alain Juppé está a sus 71 años más cerca que nunca de alcanzar el Palacio del Elíseo.

Si durante la campaña fue el perfecto "anti-Sarkozy", ahora deberá encarnar el mismo papel para oponerse a Fillon.

Sus críticos consideran que, pese a un envoltorio amable, defiende ideas muy escoradas a la derecha, como las que sacaron a las calles a medio país en 1995, cuando trató de reformar el sistema de pensiones y la Seguridad Social.

Nacido en 1945 en Mont-de-Marsan, en las Landas, muy cerca de la frontera con España, se crió en el seno de una familia agrícola de clase media y muy pronto destacó en los estudios, lo que le llevó a pasar por todos los viveros de la elite política en París, como el liceo Louis-le-Grand o la prestigiosa ENA.

Tras hacer sus primeras armas junto a Chirac en la política municipal, su oportunidad le llegó de la mano de este como ministro de Hacienda y portavoz del Gobierno, entre 1986 y 1988. Al frente del Ministerio de Exteriores (1993-95), Juppé comenzó a ofrecer la dimensión de estadista que siempre se le había atribuido pero que nunca ha llegado a explotar.

Con la llegada al Elíseo de Chirac, en 1995, se convirtió en su primer jefe de Gobierno, pero casi de forma instantánea empezó a caer su popularidad, que se desplomó al intentar aprobar la reforma de la Seguridad Social. Dos años después, los conservadores fueron derrotados por los socialistas en las legislativas anticipadas, lo que apeó a Juppé del cargo y le llevó a meditar su abandono de la política.

Acostumbrado a resucitar cuando muchos lo dan por muerto, regresó en 2002 para jugar un papel fundamental en la creación del gran partido de la derecha francesa, la Unión por un Movimiento Popular, de la que fue elegido presidente. Pero de nuevo sufrió una estocada con su inhabilitación durante un año para ocupar cargos públicos en 2004 por un oscuro caso de malversación de fondos.

Juppé siempre vuelve. En 2006 se presentó a las elecciones municipales en su bastión de Burdeos, donde ya había sido alcalde durante nueve años, y desde allí transformó la ciudad y consiguió la plataforma necesaria para retornar a la palestra nacional.