Richard Sandler - CC Train, NYC, 1982
Foto de Richard Sandler en 1982 © Richard Sandler / The Eyes of the City

Richard Sandler es uno de esos fotógrafos inesperados, casi angelicales, que brotan de nadie sabe dónde para enseñarnos una época pasada y darnos lecciones morales de que nada ha cambiado tanto y profesionales de los motivos que deben empujar a un buen rastreador de imágenes callejeras. Su primer libro acaba de ser editado y se centra en un tiempo ya pasado, presuntamente agotado en un mundo en que sólo importan el presente y la inmediatez. La monografía demuestra la falacia de esta creencia.

The Eyes of the City (Los ojos de la ciudad), una colección de fotos compasivas, humanas, dramáticas y, sobre todo, reunidas en torno a una manera de mirar: la del hombre que espera aunque sabe que no queda demasiado tiempo —el autor abre el libro con una cita de Robert Frank sobre el acto reflexivo e irreflexivo a la vez de disparar: "lo que produce una foto es la reacción instantánea de uno mismo"—. La colección, una de las mejores editadas en fotolibros en lo que va de año, está compuesta por imágenes tomadas entre 1977 y 1991.

Acupuntor y cocinero macrobiótico

Casi todas en marcos neoyorquinos en un momento en que la ciudad era peligrosa, convulsa, violenta, desesperada y también festiva y loca, las fotos de Sandler nacieron del acto de una tercera persona. Una amiga, convencida de que Sandler tenía el perfil y las habilidades para ser un buen fotógrafo callejero, le regaló una Leica en 1977.

A partir de entonces, el destino de Sandler giró en redondo: se había dedicado a ayudar a otros como cocinero macrobiótico y terapeuta en acupuntura, pero ahora le tocaba encontrar a los demás para enfrentarlos. Como él mismo dice, su libro es sobre las miradas y el punto en que se cruzan.

Vampirizar la ciudad

Con rigor —cada día, la única forma de vampirizar la ciudad—, Sandler retrató a pedigüeños sentados en la acera ante niños blanquísimos, ajetreos cotidianos marcados por la sensualidad vulgar de la vida pautada, ciudadanos con los ojos extraviados, inesperadas dicotomías metafóricas, sombras que parecen habitar paisajes expresionistas... Manhattan aparece en The Eyes of the City, publicado por PowerHouse Books [180 páginas y un  PVP de 49,95 dólares], es un "ciclón de rostros, algunos jugando, otros claramente sufriendo", dicen la empresa editora.

Apunta con asombro hacia la belleza y el horror Como anota en el postfacio del libro Jonathan Ames, el fotógrafo parece impelido por un deseo de "ponerlo todo patas arriba", implicándose para "explorar su propia soledad, su propia mortalidad, obligado a documentar para decir que está vivo mientras apunta con igual asombro hacia la belleza y el horror". El estilo es nervioso, las imágenes parecen consecutivas y hay un aire de urgencia que empapa todo el trabajo.

'La codicia es buena'

En una época en que aumentaron la criminalidad y la brecha social provocando efectos devastadores en una ciudad que parecía regirse por el lema "la codicia es buena", en la obra sorprendente que Sandler nos entrega décadas después la crónica es casi nostálgica, envidiable pese a la drogas y la escalada de los intereses corporativos.¿Por qué merecíamos esto? Esa pregunta es saludable Por una razón que acaso tenga también relación con la precisa belleza del azar, el reportero consideró acabado su trabajo unos días antes de los atentados del 11-S.

A partir de entonces le pareció adecuado dejar la fotografía: "Tras el 11-S la mayor parte de la gente, al menos mis conocidos, se preguntaba: '¿por qué merecíamos esto?'. Esa pregunta es saludable. Fue un momento de reflexión. Mi libro es como decir: 'así era la vida antes' de que pasase", declara en una entrevista en Time.