Kelly Bishop
Kelly Bishop se vuelve a meter en la piel de Emily en el remake de 'Las chicas Gilmore'. NETFLIX

Ella era la anfitriona de las cenas de los viernes en la mansión Gilmore, la encargada de financiar los estudios de su nieta como chantaje para ver a su hija una vez a la semana. Detrás de esos trajes de chaqueta elegantes y caros que lució durante siete años en televisión, se esconde la actriz Kelly Bishop, que recibe en Nueva York y sin pelos en la lengua a 20minutos para hablar del sexismo en Hollywood, de las dificultades para encontrar un papel superada la frontera de los 40 y del regreso de Las chicas Gilmore, la serie que la encumbró y que dieciséis años después regresa de la mano de Netflix en forma de miniserie. 

Está de moda rescatar antiguos éxitos, como Madres forzosasTwin Peaks, Prison Break… ¿Se esperaba el regreso de Las chicas Gilmore?

No, no lo esperaba para nada, aunque durante muchos años abordé a Amy [la creadora] porque me habría gustado hacer una película, como Sexo en Nueva York. Pero entonces no tenían intención de hacerlo. Lo que más me sorprende es la rapidez con la que ha pasado todo. Fuimos a una convención en Texas con más actores el verano pasado y en un año han sido capaces de escribir los guiones, negociar con los actores… y al final lo hemos hecho. Es muy emocionante.

En el tráiler se puede ver a Emily, su personaje, en vaqueros. ¿Qué le ha ocurrido?

Ya lo sé… (risas). Me sorprende mucho que os hayáis dado cuenta porque mucha gente me dice que por qué lleva esos pantalones, pero no puedo decírtelo bajo ningún concepto. Ese por qué tiene relevancia en la serie, ya lo descubrirás. De hecho es una escena muy larga, ocupa como 10 o 12 páginas de guion. Nunca verás una escena así en televisión. Fue muy divertido, tiene mucho sentido al final. 

¿Es team Rory o team Lorelai? ¿Tiene la abuela una favorita?

¿La abuela… o yo?

Usted.

Bueno, tengo que admitirlo, estoy loca por Lauren Graham (Lorelai). Congeniamos tan bien… Coincidimos por primera vez durante el rodaje del piloto. Teníamos las páginas en nuestras manos, lo leimos y pensé: “Oh, sí, esto va a funcionar”. Y enseguida se convirtió en una amiga.    

En Hollywood lo único que importa es la belleza, incluso si la belleza es de plástico

Hablando de los inicios de la serie, la televisión ha cambiado mucho desde que usted empezó a trabajar en esto…

Por completo. Ha cambiado muchísimo.

Ahora parece tener más relevancia que el cine. ¿Está de acuerdo?

Disfruto haciendo cine, pero en realidad me encanta hacer televisión. Jamás imaginé que me gustaría tanto porque yo empecé como bailarina y ya después me convertí en actriz. En aquella época, el teatro tenía mucho peso y parecía que casi nadie quería hacer televisión. Gracias a una serie tan larga he tenido tiempo de descubrirla y disfrutarla, en ella me siento más protegida.

¿A qué se debe?

Bueno, porque puedes repetir la escena las veces que quieras hasta que sale bien, sin embargo en teatro no. Y además, en una serie de televisión cuentas diferentes historias con los mismos personajes. Eso les permite crecer, llegas a conocer a tu personaje mejor…

Muchas actrices han criticado a lo largo de este año la desigualdad salarial entre actrices y actores. ¿Es Hollywood sexista?   

Sí, claro. Siempre lo ha sido. Ahora la situación está mejor que antes porque se ha hablado mucho del tema. A mí no me ha pasado, pero ha habido actrices que no han conseguido trabajos a menos que se acostaran con el productor. Era la manera en la que se hacían las cosas y posiblemente se siguen haciendo así. Aunque creo que ahora las actrices jóvenes están más concienciadas y no ceden a esto.

¿Sí?

Desde que empecé en esta profesión, hace ya 50 años, los hombres siempre han ganado más que las mujeres, a menos que las actrices sean grandes estrellas o lideren un proyecto. Pero francamente, el problema es otro. Mira los carteles de las películas, cuenta el número de mujeres que hay y ahora el número de hombres. La fórmula, por lo general, son dos o tres papeles masculinos, uno femenino, muchos secundarios masculinos y después una camarera o una señora de la limpieza. Es decir, no hay mucho trabajo para las mujeres. Y por añadir otro problema más, no hay casi trabajo en este país para las mujeres que ya tienen una edad o que no son guapas. Este es uno de los motivos por los que me gustan tanto los europeos, aprecian a las actrices mayores, no piensan que por envejecer dejemos de ser útiles.

Entonces es difícil encontrar trabajo después de los 40…

No lo ha sido para mí, yo soy una afortunada. Pero esto también se debe a que soy una actriz de teatro y que vivo en la costa este. Miro a muchas mujeres de mi edad ahora que viven en Hollywood, que están en esta industria, y me doy cuenta de que es un sitio complicado para ambos sexos. Te puedes sentir tan desanimado y tan poco importante… Conservar tu dignidad así es duro. Sobre todo para una mujer mayor. Sinceramente, no sé cómo lo hacen. Yo no quiero estar en ese ambiente donde lo único que importa es la belleza, incluso si la belleza es de plástico. Yo no sufrí eso, Las chicas Gilmore fue un regalo porque empecé cuando ya tenía más de cincuenta años. Era un trabajo frecuente en una buena serie, con un guion estupendo…

Antes era un poco esnob. Pensaba que los actores de verdad estaban en el teatro y que la élite estaba en las películas

¿La gente en la calle todavía le llama Emily?  

Hace años viví una anécdota muy graciosa en Ámsterdam. Estaba viendo una obra de teatro junto a mi marido, cuando la mujer que estaba al lado me dijo: “¿Emily?”. Y su hija tenía un libro en inglés para mejorar el idioma sobre la serie. ¡Un libro que yo desconocía! (Risas). Pero normalmente no me llaman así, me suelen preguntar: “¿Eres actriz?”. Aunque lo curioso es que no me reconocen por la cara, sino por mi voz. También porque no visto como me ves ahora o en la serie, visto como un niño de ocho años.

¿De verdad?

Sí, llevo gorra de baseball, gafas de sol, vaqueros, botas…  Solo me reconocen si abro la boca (risas).

¿Qué pueden esperar los fans con esta vuelta de Las chicas Gilmore?

Cuando leí el guion, pensé: “¡Dios mío, volvemos al mismo pueblo, todo el mundo está aquí. Es fantástico!”. Es eso, la comodidad de volver a un lugar como tu casa. Pero claro, todos tenemos más años. Hay personajes que han cambiado mucho y luego están los que no han cambiado lo más mínimo. Y mi personaje sufre un cambio radical porque perdí a mi marido y a lo largo de esos cuatro episodios tengo que enfrentarme a eso. Crecer, retroceder, intentar encontrarme a mí misma…

¿Cómo va a ser esa relación madre e hija?

Como siempre ha sido. Hay personas que nunca cambian (risas).

Entre un buen guion de cine y uno de televisión, ¿con cuál se queda?

Es una decisión complicada porque si bien es cierto que con una película solo consigues eso, un trabajo, con una serie, como no sabes si se va a renovar o no, puedes estar más tiempo. Me sorprende oírme decir esto, pero me siento muy cómoda en televisión y jamás pensé que lo estaría.

¿Por qué?   

Bueno, creo que antes era un poco esnob. Pensaba que los actores de verdad estaban en el teatro y que la élite estaba en las películas. Las series han derribado eso.