Las obras de la autovía A-45 , que une Córdoba y Antequera, han permitido descubrir un poblado prehistórico del Calcolítico Pleno, denominado "Los Silillos", que aporta datos para conocer cómo eran los habitantes y los constructores de los dólmenes de la localidad malagueña de Antequera.

El poblado, de unos 180.000 metros cuadrados -de los que se han excavado 4.000 metros-, se compone de 52 silos o estructuras subterráneas pertenecientes a las viviendas circulares de sus habitantes, según ha informado el arqueólogo municipal de Antequera, Manuel Romero.

Este yacimiento, situado a nueve kilómetros de Antequera en la carretera a Córdoba, entre la estación de servicio y el cruce con Villanueva de Algaidas, se puede considerar el más importante de la provincia y contiene, en sus 52 silos, restos óseos de cornamentas de ciervo y de carnero, 32 pesas de arcilla para un telar y fragmentos de los tejados de las viviendas, entre otros materiales.

Este yacimiento contiene 52 silos y se puede considerar el más importante de Málaga.

También se han encontrado útiles elaborados en cobre que pudieron ser usados para construir los dólmenes, como son sierras de cobre, moldes de arenisca con hasta alguna gota de este metal, martillos, hojas cerradas y machacadores.

Curiosamente, se han hallados útiles agrícolas como son hoces, morteros y molinos de cereales, un hecho que sorprende a los arqueólogos porque demuestra la relevancia que tenía entonces la agricultura.

Cómo se han estudiado los restos

Se han enviado muestras de Carbono 14 a Suiza para la datación exacta de la cronología, si bien la Universidad de Málaga ya ha fijado que corresponden al año 2500 antes de Cristo.

Por otro lado, estas obras de la A-45 también han permitido el descubrimiento, a dos kilómetros del poblado "Los Silillos", de una necrópolis romana de los siglos I y II d.C., denominada de San Juan por su cercanía al cortijo del mismo nombre.

En ella se han excavado cerca de un centenar de tumbas, pero podría haber entre quinientas y seiscientas, según ha explicado el arqueólogo municipal, Manuel Romero, que ha incidido en que aportan datos sobre los rituales empleados.

Así, se conoce que los difuntos eran incinerados y que no es hasta el siglo II d.C. cuando se procede a la inhumación de los cadáveres.

"Ese cambio de ritual no se produce por influencias religiosas, sino por las modas del Imperio Romano", ha agregado Romero.

Además, se celebraban banquetes funerarios en honor al difunto y los fallecidos también llevaban una moneda para pagar al barquero Caronte a la hora de cruzar el lago Estigia.

Respecto a los ajuares encontrados, eran de producción local, aunque también había cerámicas de Andújar (Jaén), y reflejaban la distinción social de los fallecidos.