Tablas de Daimiel
Una barca yace en el lecho seco del humedal. HILARIO L. MUÑOZ

Con sólo 18 hectáreas encharcadas de las 1.600 de las que consta el Parque Nacional Las Tablas de Daimiel, el humedal sigue siendo un referente turístico de la provincia de Ciudad Real, como lo demuestran los cientos de turistas que a diario acuden al paraje a lo largo de todo el día y que con llegada del otoño lo visitan de forma masiva.

Las temperaturas y el viento que corre por todo el paraje, junto con los sonidos de las aves, hacen que el paseo sea un espectáculo para la vista y los oídos, de no ser por la sequía que abre sus heridas en el agua, mostrando la tierra seca.

Un grupo de estos visitantes, que durante estos primeros días de otoño ha visitado el paraje, lo conforman la familia de Ismael Corberá, que han venido expresamente al humedal desde Alcoy y se han encontrado con "una sorpresa mayúscula" al descubrir que estaban secas.

"Esperábamos que con las lluvias hubiera habido algo más de agua", indicó este padre de familia que pasea por los puentes de tabla junto a su mujer y cuatro menores.

Esperábamos que con las lluvias hubiera habido algo más de agua


Con todo, y a pesar de la sequía, el paseo sigue cobrando su importancia gracias a la concienciación que provoca en el turista sobre el problema medio ambiental que hay en la zona por la sobre explotación de los acuíferos.

 

"Esperemos que termine la explotación de los acuíferos", afirma este visitante, quien no obstante alega que todo el humedal cuenta con "unas buenas infraestructuras" dirigidas a los animales como los basureros con tapa, para que no se acostumbren a comer de ellos.

Aguas milenarias

Esta concienciación se haya también en quienes regresan al parque después de varias décadas, como Carlos Alemany, un madrileño que junto a un grupo de amigos realiza el itinerario de la Isla del Pan, el único de los tres del parque que cuenta todavía con agua. Así, Alemany comenta que la imagen es "desoladora" si se la compara con la que tenía en su memoria hace 15 años.

Uno de sus compañeros de paseo alega que "para que se llenen los acuíferos tiene que pasar mucho tiempo" y que "aunque se quitaran todos los cultivos el nivel freático no va a subir porque son aguas milenarias que han tardado miles de años en cargar el subsuelo".

A pesar de esa sequía, el paseo mantiene la belleza de "una de las pocas zonas vírgenes de verdad" que quedan en La Mancha, remarcando la importancia turística que cobra el parque con sus cientos de visitas diarias durante todos los días del otoño.

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