Paul Nash - Totes Meer, 1940-1941
'Mar muerto', alegoría de Paul Nash sobre la derrota nazi en la II Guerra Mundial © Tate

El pintor Paul Nash (1889-1946) combatió en las trincheras de la I Guerra Mundial, de las que salió con los pulmones destrozados de por vida por un ataque con gas mostaza y un desorden de estrés postraumático que marcó su espíritu, y participó en la segunda como pintor por encargo del Ministerio de Guerra del Reino Unido. Poco antes de morir, por un grave ataque de asma provocado por las secuelas del gas, tuvo tiempo de acabar óleos como Battle of Germany (La batalla de Alemania) y Battle of Britain (La batalla de Gran Bretaña), proyecciones surrealistas de la guerra de bombardeos.

Considerado el principal artista inglés de la primera mitad del siglo XX y, sin discusión, el gran pintor de guerra del país, Nash no ofreció una mirada fácil de los dos grandes conflictos. Su visión enfatiza los efectos dantescos del belicismo y, sin mostrar apenas seres humanos, logra transmitir la destrucción y crueldad mediante bosques quemados, restos de chatarra, cascotes y escenarios fantasmales, baldíos tras las batallas. Sus óleos bélicos querían que la "violación de la naturaleza" apareciese como el compendio atroz de las guerras.

Los aviones nazis, reducidos a chatarra

La antología Paul Nash, en la Tate Britain de Londres hasta el 5 de marzo de 2017, recorre toda la carrera del artista, desde los óleos simbolistas con los que tanteó en los comienzos —el halo místico permaneció pese a los cambios posteriores de estilo—, hasta los radicales panoramas bélicos: más paisajísticos en los cuadros sobre la I Guerra Mundial —The Menin Road (La carretera de Menin, 1919) quizá sea la obra maestra de esta etapa— y desnudos de todo afán representativo en los de la segunda: Totes Meer (Mar muerto, 1940-1941), con el título en alemán y los aviones nazis reducidos a una masa de chatarra, podría ser la pieza sumarial sobre el conflicto.

Artista de guerra oficial de la Administración desde 1917, Nash mostró la pérdida de la vida a partir de la destrucción de la naturaleza: aunque en sus cuadros aparecen, aquí y allá y nunca en actitudes demasiado activas, soldados combatientes, la carga del mensaje está en los se convirtió en un artista de guerra oficial en 1917, que expresa la pérdida de la vida a través de visiones tan dramáticas como la de Wire (Alambre, 1919), un ceniciento paisaje que huele a muerte, protagonizado por el esqueleto de un árbol en cuyos restos se arremolinan alambres de espino.

Paisajes sombríos

Tras el final de la primera guerra, Nash radicalizó sus postulados surrealistas con paisajes sombríos, representaciones de monolitos y formas asimétricas, encuentros inesperados de osamentas, flores y piedras. Durante los años entre ambos conflictos, fue el gran promotor del modernismo en el Reino Unido y el conector con el arte del otro lado del Canal de la Mancha: admiraba en especial a Giacometti.

Paisajes visionarios inspirados en los ciclos estacionales Con la fotografía como aliada en su prácticas de trabajo —insertaba pedazos de imágenes en los óleos y usaba la cámara como cuaderno de apuntes—, la obra del artista derivó progresivamente hacia la radical exploración de las fronteras entre sueño y realidad: pintó una hermosa serie de paisajes visionarios inspirados en los ciclos estacionales, los equinoccios y las fases de la luna.

Fundador del grupo Unit One

La exposición será la primera en examinar el papel de Nash en la evolución en el modernismo británico y sus diálogos con artistas internacionales. Mostrará sus contribuciones a las grandes exposiciones de la década de 1930, como la Exposición Internacional Surrealista de 1936 y la creación del grupo Unit One, que incorporó a pintores, escultores y arquitectos. Una selección de las obras de este colectivo complementa la exposición.