Benediktsson
Benediktsson, líder del Partido de la Independencia, será previsiblemente el encargado de formar un nuevo Gobierno en Islandia tras los comicios si le apoya la nueva fuerza de centro, Reforma. En la imagen, votando este sábado. EFE

La coalición de derecha entre el conservador Partido de la Independencia y el Partido Progresista podría mantener el poder en Islandia con el apoyo de una nueva fuerza de centro y tras derrotar a la oposición en los comicios generales anticipados de este sábado.

El centroderecha suma 29 escaños por 27 de la oposición, a falta de los resultados definitivos y escrutado más del 80% de las papeletas, con lo que aunque pierde la mayoría absoluta lograda en 2013, fijada en 32, seguiría gobernando si logra el apoyo de Reforma, quinta con siete escaños.

Reforma es una escisión pro UE del Partido de la Independencia y aunque ha mantenido una actitud ambigua en campaña, sin querer vincularse a ningún bloque, está más cercana ideológicamente a los conservadores del ministro de Finanzas, Bjarni Benediktsson, que recibirá previsiblemente el encargo de formar gobierno.

Su apoyo compensaría el hundimiento de los "progresistas", que pierden 13 puntos y 11 escaños, castigados por la vinculación del exprimer ministro Sigmundur David Gunnlaugsson con los papeles de Panamá, que provocó su dimisión en abril y el adelanto electoral.

El Partido de la Independencia hizo lo que casi siempre ha hecho desde que Islandia se separó de Dinamarca en 1944: ganar las elecciones generales, algo que sólo dejó de ocurrir en 2009, en medio de la crisis económica más grave en la historia reciente de esta isla de apenas 330.000 habitantes.

El arraigo de esta formación en parte de la población y la buena marcha de la economía, el paro ha regresado a los niveles previos a la crisis impulsado por el turismo, han podido ser determinantes frente a un proyecto menos difuso que el de la oposición.

Los conservadores lograron el 29% y 21 escaños, dos más que en 2013, lo que les da un triunfo rotundo, con 13 puntos de ventaja sobre el Movimiento de Izquierda Verde, que supera en más de uno al Partido Pirata, aunque ambos empatan a diez escaños.

La única formación "pirata" presente en un parlamento nacional, un hito logrado con apuros en 2013, triplicó escaños y casi porcentaje de votos, pero se quedó muy lejos del primer puesto que le dieron los sondeos durante meses o de la segunda plaza que ostentaba en las encuestas de la última semana.

Al igual que le ocurrió en las anteriores generales y en las municipales, su resultado fue inferior a los pronósticos previos, un hecho que puede deberse en parte a la juventud de su electorado, el menos fiable a la hora de ir a votar, y a la falta de definición en varias áreas que le achacan sus críticos.

Aunque rojiverdes y "piratas" mejoran sus números, las otras dos fuerzas del bloque opositor cedieron votos, sobre todo la Alianza Socialdemócrata, que obtiene los peores resultados de su historia con el 5,7 % y tres escaños.

De ganar las elecciones de 2009 con casi el 30 % y colocar a Jóhanna Sigurdardóttir de primera ministra ha pasado en 7 años a ser la fuerza más pequeña de un Parlamento que por primera vez contará con siete partidos.

El Partido Pirata ya había ejercido de líder opositor impulsando una reunión a cuatro durante la campaña con rojiverdes, socialdemócratas y el centrista Futuro Brillante, que desembocó en una histórica declaración conjunta, base de un hipotético gobierno.

Las cuatro fuerzas, que ya gobiernan la capital Reikiavik desde 2014, consensuaron un acuerdo en temas como sanidad, una política climática responsable, aumentar los impuestos a quienes explotan recursos naturales e impulsar una nueva Constitución, cuestiones que quedarán previsiblemente aparcadas en un gobierno de centroderecha.

Si se confirman los resultados y el Partido de la Independencia logra aglutinar una mayoría, Bjarni Benediktsson podría convertirse finalmente en primer ministro al tercer intento.

Aunque su partido ya ganó en 2013, con más de dos puntos que los "progresistas" pero igual número de escaños, el entonces presidente islandés encargó formar gobierno de forma sorprendente a estos, debido a que habían sido la fuerza que más había crecido.