Fotografías que nacieron como evidencias y con el tiempo se convirtieron en misterios

  • La exposición '¿? La imagen como pregunta' ahonda en la nunca previsible manera en que las fotos cambian con el paso del tiempo lo que 'decían' en origen .
  • El papel probatorio como evidencia de una teoría o el registro de un evento resultan 'dislocados' al traer las imágenes a contextos diferentes.
  • La muestra invita a los espectadores a enfrentarse con una chocante y sugestiva colección de documentos fotográficos que resultan inexplicables y misteriosos.
Una alumna de Periodismo en Moscú muestra las 'chuletas' para un ecamen que llevaba escritas en la piel de las piernas
Una alumna de Periodismo en Moscú muestra las 'chuletas' para un ecamen que llevaba escritas en la piel de las piernas
© Valery Khristoforov - Courtesy Michael Hoppen Gallery

El papel probatorio de las fotografías documentales, digamos las pertenecientes a reportajes, las científicas o las de exploraciones, es algo que parece incontestable. Se trata, con un ligero margen de error —y hablamos del género documental puro, no sujeto a la manipulación del retocado o el montaje—, de evidencia en estado puro, de una certeza clara y manifiesta de la que no se puede dudar, de una prueba determinante.

Pero, ¿sucede siempre así? ¿Qué pasa cuando nadie sabe, por efecto de la falta de información, la descontextualización o el paso del tiempo qué cuenta la imagen? Sobre esta interesante cuestión intenta profundizar la muestra ? The image as question: An exhibition of evidential photography (¿? La imagen como pregunta: una exposición sobre la fotografía como evidencia), título que no por casualidad se abre con signos de interrogación.

Inexplicables

Hasta el 26 de noviembre en la Galería Michael Hoppen de Londres, la iniciativa invita a los espectadores a enfrentarse con una chocante y sugestiva colección de documentos fotográficos que resultan inexplicables, misteriosos o, como dicen los organizadores, están "dislocados" por el tiempo, el contexto o la ausencia de referentes.

"Cualquier artista contemporáneo que utilice la fotografía tiene que aceptar el lenguaje probatorio incrustado en el medio", añaden desde la galería, pero no siempre es posible acatar la cualidad de evidencia. Algunas imágenes recientes expuestas dinamitan lo probatorio para convertirse en otra cosa. Los resultados de  la guerra en una zona de almacenamiento del aeropuerto de Bagdad en 2003, retratada por Simon Norfolk, dan pie a concebir que estamos ante una obra conceptual de un artista moderno, dado que el fotógrafo eligió un primer plano y una composición sin otras referencias que la madera chamuscada.

Dando la espalda a un avión del 11-S

Otro ejemplo chocante de la falta de sentido de una imagen si no conocemos las condiciones en que fue tomada es la de Melanie Einzig de un absorto repartidor de paquetería que avanza sin contemplaciones y con total decisión mientras a sus espaldas uno de los aviones del 11-S se empotra en una de las Torres Gemelas. Tampoco tiene sentido el mural de Takashi Arai de un reloj destruido si no nos advierten de que está formado por piezas recogidas tras la explosión de la bomba atómica en Nagasaki.

Más cómicas son algunas fotografías que han basculado hacia el surrealismo, como los muslos de una chica totalmente cubiertos de chuletas para un examen, un grupo de fotos policiales donde la tragedia es tan estética que parece escenificada o algunas de las hojas de contactos del pintor Francis Bacon, que usaba con obsesión las fotos como material de documentación e inspiración: es muy reveladora del estilo brutal de representación humana del artista, por ejemplo, la serie de múltiples tomas de dos hombres luchando.

'Evidencia empírica'

Parte de la fascinación de toda fotografía es que está "firmemente basada en lo documental" y, como tal, ha servido como medio de "registro" —la escena de un crimen, especímenes zoológicos, la exploración espacial, la frenología, la moda, proyectos científicos...—, tanto de "cosas simples tales como unas vacaciones en familia" como de las "atrocidades" bélicas, resumen los organizadores para resaltar el "gran peso" de la foto como documento y "evidencia empírica".

Ante la colección que se expone en la galería lo interesante es comprobar qué ha quedado de esa "pesadez inicial" cuando la imagen ha sido "dislocada de su contexto original y distanciada por el tiempo". Las fotos documentales dejan entonces de "proporcionar una respuesta y, en su lugar, plantean nuevas preguntas al espectador".

La mayoría de las fotografías que se muestran, de los siglos XIX y XX, "no tenían intención de tener una bella factura o buena composición. Estaban obligadas a probar algo, resolver un misterio o simplemente informar con claridad", pero han dejado de cumplir la función original para, en muchas ocasiones "adquirir una belleza y significación independientes de su función".

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