Alumnas de la Universidad de Mayores
Dos alumnas de la Universidad de Mayores de la Pontificia de Comillas ICAI-ICADE. EFE

En España hay 52 universidades públicas y privadas que ofrecen estudios para mayores. Son casi 60.000 las personas matriculadas, que cursan programas de entre tres y cinco años y en los que no suele haber exámenes. Las universidades retoman estos días sus actividades para alumnos mayores, normalmente a partir de 50 años que, por distintos motivos, han decidido retomar o prolongar su vida académica. Cataluña, con más de 9.000 matriculados, es la comunidad autónoma con más estudiantes sénior, según datos de la Asociación Estatal de Programas Universitarios para Mayores (AEPUM), seguida de Andalucía, Comunidad Valenciana, Castilla y León y Madrid.

Sienten el placer de conocer sin la presión de los exámenes o de sacar un títuloEstas universidades, que se pusieron en marcha hace 20 años, afrontan una tendencia de crecimiento que se ha agudizado en la última década, en la que la incorporación de alumnos ha aumentado más de un 50%, y que vendrá marcada por la incorporación de la generación del baby-boom. Por sus aulas pasan personas con estudios y sin ellos, licenciados, doctores e incluso catedráticos, trabajadores en activo, jubilados, perfiles heterogéneos con distintas motivaciones que comparten el objetivo común de ampliar sus conocimientos.

Una parte muy importante de los alumnos están entre los 55 y los 65. “Los más jóvenes, en su mayoría siguen laboralmente activos y se matriculan para salir de su rutina laboral a través de la ampliación de sus conocimientos y de su red de amistades”, señala el director de la Universidad de Mayores de la Universidad Pontificia Comillas ICAI-ICADE, Ángelo Valastro, mientras que “los mayores quieren llenar su tiempo libre con una actividad que les permita responder a preguntas delicadas, propias de la madurez, y comprender mejor a su entorno, tanto familiar como social”. Ninguno quiere “perder el tiempo libre”, sino llenarlo con “una realidad que les aporte resultados concretos, codo a codo, en los pasillos, con los alumnos jóvenes”, añade.

La presidenta de AEPUM, Concepción Bru, apunta que “el envejecimiento de la población, el acceso a una mayor estabilidad laboral, las prejubilaciones, las conquistas sociales y, sobre todo, la democratización del conocimiento, hace que muchas personas, sobre todo mujeres, se planteen ir a la universidad”. Alumnos que sienten el placer de conocer y vivir la universidad sin la presión de los exámenes y que acceden a programas relacionados con Historia, Filosofía, Sociología o Introducción al Cine, o con áreas más específicas como Arquitectura y Urbanismo en el Siglo XX o La Ciudad en la Literatura, que se imparten en la Pontificia de Comillas.

Se matriculan para salir de su rutina a través de la ampliación de conocimientosSer mayor no significa dejar de estudiar ni tener más de 65 años, aclara Valastro, pero probablemente sí tener la capacidad de “captar con más facilidad lo esencial, no hay que aprenderlo todo enseguida, hay que aprender antes los elementos fundamentales de una materia, para, luego, ir profundizando, poco a poco, sobre una base sólida”.

Los programas para personas mayores se enmarcan en el contexto de las políticas de formación a lo largo de la vida. Y aunque en la actualidad hay un límite de edad para el acceso, que se sitúa alrededor de los 50 años, “es muy posible que, en un futuro no muy lejano, la etiqueta de ‘mayores’, que en la actualidad resulta ambigua y poco agradable, se transforme”. “¿Por qué no pensar en una ‘Universidad abierta’ como espacio de aprendizaje no reglado, no finalizado a la adquisición de un título, no sometido a exámenes, un espacio en el cual puedan sentarse juntos alumnos de cualquier edad?”, se pregunta.

“No son ancianos”

Para Valastro es importante aclarar que “no son personas ancianas que juegan al dominó, sino mujeres y hombres, a menudo todavía en plena vida laboral, que quieren abrir horizontes, estudiar materias que no vieron en su carrera universitaria, hacer amigos, organizar, proponer, criticar, construir… seguir creciendo”. Y es que aunque las universidades de mayores no expiden títulos con validez oficial, “nos consta que algunas empresas miran con muy buenos ojos a un candidato o a un trabajador que demuestre tener intereses culturales amplios y la suficiente determinación para seguir cursos de formación en ámbito universitario”.

Nadie se distrae: los mayores están en las aulas porque quierenHay coincidencia, por otro lado, en la mayor dificultad de dar clase a personas cuya experiencia “aporta sensibilidad, capacidad crítica y conocimientos”. El alumno mayor “puede y debe rebatir, matizar, criticar los argumentos del profesor, algo que el alumno más joven no suele poder hacer”. Y eso hace que la dinámica de las clases sea mucho mayor. “Nadie se distrae, nadie se contenta. Los mayores están en las aulas porque quieren”.

La puesta en valor de la experiencia y el conocimiento de los alumnos sénior se materializa, en el caso de Comillas, en que los que cuentan con una trayectoria profesional específica pueden tutorar la labor de los estudiantes que están colaborando con empresas de diferentes sectores. Y no debe ser motivo de frustración o decepción en las aulas, porque “si el alumno tiene conocimientos superiores a los del profesor y si el profesor es digno de su nombre, dicho alumno se transformará en levadura para las clases, permitirá al profesor una interacción inusual y fecunda, podrá ayudar a los compañeros a comprender los diferentes temas…”, sostiene el director de Comillas ICAI-ICADE. Admite que la evolución de las exigencias del alumnado “es rapidísima”, por lo que es necesario poner continuamente al día la oferta formativa, la modalidad de impartición de las clases, la programación de las asignaturas.