El arte mexicano más allá de Frida Kahlo y Diego Rivera

  • Los autores mexicanos bebieron de las vanguardias europeas y a la vez las desafiaron creando un estilo independiente.
  • Una exposición en el Grand Palais de París descubre la obra de 60 artistas que demuestran la creativididad bullente de México en la primera mitad del siglo XX.
  • El simbolismo de Ángel Zárraga, el magnetismo de Gerardo Murillo y las pinturas de María Izquierdo demuestran un amplio panorama creativo.
'La mujer y el pelele', óleo de Ángel Zárraga (1886-1946) incluido en la exposición 'Mexique 1900-1950'
'La mujer y el pelele', óleo de Ángel Zárraga (1886-1946) incluido en la exposición 'Mexique 1900-1950'
Ángel Zárraga - © DeAgostini/Leemage - © Adagp, Paris 2016

Pendientes de las corrientes europeas, al mismo tiempo construyeron en paralelo un estilo independiente. Los artistas mexicanos bebieron de las tradiciones del siglo XIX y a la vez fueron osados, salpicaron de color y motivos ancestrales los impulsos vanguardistas que llegaban del viejo continente.

El Grand Palais de París inaugura Mexique 1900-1950 (México 1900-1950), una exposición que abarca el arte del país desde el inicio de la Revolución hasta mediados del siglo XX. Con 200 obras de 60 artistas, demuestra que entre los creadores mexicanos del esplendoroso panorama nacional existe una sobrecarga de atención sobre Frida Kahlo y Diego Rivera, cuando la lista debe ampliarse con imprescindibles como Ángel Zárraga, José Clemente Orozco o Gerardo Murillo


'La mujer y el pelele'

En cartel hasta el 23 de enero, la muestra abre con trabajos del calibre de La mujer y el pelele (1909), de Zárraga, un óleo influido por el simbolismo y el decadentismo europeos, perverso en su belleza y muy probablemente inspirado en la novela del mismo título publicada en 1898 y escrita por Pierre Louys, el autor belga-francés entregado a diseccionar en sus obras el erotismo y la sensualidad.

La embaucadora escena ilustra cómo México empezó el siglo combinando el arte académico y la imaginación colectiva para pronto mezclarlos con las corrientes internacionales. Al simbolismo y al decadentismo le siguieron las vanguardias parisinas que alimentaron a Diego Rivera.

La Revolución Mexicana (1910-20) se contempla como anunciadora de un proyecto artístico nacional. Rivera, Siqueiros y Orozco bullen como maestros del muralismo en un momento de auge nacionalista y las mujeres cobran fuerza: "esta revolución masculina que abrió el camino a diversas oportunidades, permitió a las mujeres participar en el esfuerzo económico y las alentó a hacerse un lugar en la escena artística, como pintoras o mecenas", subrayan los organizadores. Junto a Frida Kahlo, se descubren en el Grand Palais fotografías de Lola Álvarez Bravo y Tina Modotti y pinturas de María Izquierdo.

"Hibridación"

Trabajos del pintor, escultor y también titiritero Germán Cueto; del escenógrafo y embajador del arte mexicano en el mundo Roberto Montenegro, de Gerardo Murillo —de personalidad magnética, que firmaba como Dr. Atl y fue vulcanólogo vocacional— y del expresivo y perfeccionista Rufino Tamayodesarman el tópico de que el arte en México se reduce a dos o tres pintores.

Como adenda, la parte final de la exposición trata la "hibridación", con piezas de creadores mexicanos en los EE UU —como Miguel Covarrubias o De Zayas— y destaca su influencia en las vanguardias de Nueva York, Detroit o Los Ángeles. El apartado se completa con la condición de México como imán para artistas extranjeros que deseaban ser testigos de primera mano del momento artístico único del país, en particular durante el desarrollo del surrealismo, como fue el caso de Leonora Carrington, Carlos Mérida y Alice Rahon.

El surrealismo, cuando México fue destino de artistas europeos que huían del franquismo y el nazismo, pone el broche final a esta reunión donde también se exhiben fragmentos de películas, de Serguéi Eisenstein y Luis Buñuel.

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