MARÍA VILLAR
Un hombre firma en el libro de condolencias durante el funeral de María Villar. Miguel Toña / EFE

La detención de una persona sospechosa de participar en el secuestro y asesinato de la española María Villar Galaz en México supone un paso más para esclarecer un caso que desde su salida a la luz permanece plagado de incógnitas. El diario El Mundo revela este sábado que la investigación se está llevando con sigilo por parte de las autoridades mexicanas porque creen que en la banda culpable hay policías implicados.

La víctima, sobrina del presidente de la Federación Española de Fútbol, Ángel María Villar, desapareció el 13 de septiembre en la Ciudad de México, iniciando así un caso que ha sido calificado por las autoridades y por asociaciones civiles como atípico, pese a ocurrir en un país en el que, como media, ocurren seis secuestros al día.

Lo último que se sabe de ella es que tomó un taxi para trasladarse de su lugar de trabajo, en Santa Fe, un área de negocios de la ciudad, al acomodado barrio de Polanco, donde residía.

Su cadáver fue hallado dos días después en una comunidad llamada Mirasol, en el municipio de Santiago Tianguistenco, del estado de México, aledaño a la capital, aunque fue identificado cinco días más tarde por su esposo.

En un comunicado conjunto remitido por la Procuraduría General de la República (PGR) y la Secretaría de Gobernación (Segob), entre otras instituciones, se informó de la detención de una persona supuestamente vinculada con los hechos.

Este sujeto fue puesto a disposición del Ministerio Público de la Federación, adscrito a la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (Seido). "Las investigaciones están en curso y se proporcionará más información en tanto se recaben más datos y detalles", señala el boletín.

La noticia de la muerte de Villar fue dada a conocer públicamente por el ministro español de Exteriores en funciones, José Manuel García-Margallo, quien señaló que los captores había recorrido "varios cajeros" con la víctima "intentando sacar dinero".

Según informaron conocidos de Villar, la española tomó el taxi en el centro comercial Patio Santa Fe y llamó a su esposo para decirle que ya estaba de camino a casa.

Un día después del secuestro, los delincuentes se pusieron en contacto con la familia de la víctima, de 39 años, para demandar un rescate.

Pese a que los secuestradores recibieron dinero, la mujer fue hallada muerta, atada de pies y manos y con una bolsa en la cabeza que le causó la muerte por asfixia.

Versiones sobre el pago del rescate

El monto del rescate que los familiares pagaron a los secuestradores ha sido objeto de versiones encontradas.

Mientras que García-Margallo dijo en un primer momento que se había pagado un rescate, aunque "muy inferior al que se había solicitado, la hermana de Villar dijo al diario El Correo, de Bilbao, que la familia pagó de manera íntegra la cantidad requerida por los captores.

Villar trabajaba como ejecutiva en la División de Servicios de Consultoría de Negocios de IBM México, puesto en el que llevaba un año y tres mesesFuentes de la fiscalía mexicana revelaron que los familiares pagaron un rescate de 65.000 pesos mexicanos (3.354 dólares), cuando los secuestradores llegaron a exigir dos millones de pesos (103.187 dólares).

El caso, desarrollado en una ciudad considerada con frecuencia como ajena a la violencia que azota a otros estados de la geografía mexicana, también ha sido señalado como poco habitual, por el modo de proceder de los secuestradores.

La coordinadora nacional antisecuestro de México, Patricia Bugarín, dijo en una reciente entrevista que la información con la que cuentan señala que Villar fue víctima de un "secuestro exprés" que después cambió.

"Lo que nos arroja hasta el momento la investigación no nos puede dar datos para afirmar que era un objetivo. Pareciera que fue una víctima al azar", subrayó.

Villar trabajaba como ejecutiva en la División de Servicios de Consultoría de Negocios de IBM México, puesto en el que llevaba un año y tres meses.

La urna con sus cenizas fueron trasladadas al aeropuerto de la capital el 24 de septiembre, desde donde volaron a España en compañía de su viudo, Cristiano Do Vale, y su primo, Gorka Villar.

Familiares y amigos le dieron su adiós dos días después, en una ceremonia religiosa celebrada en la iglesia de Las Mercedes de Las Arenas, en Getxo.