Arturo Fernández
Arturo Fernández (d), junto al presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, durante un acto público cuando era presidente de la patronal regional. Juan Carlos Hidalgo / EFE

Arturo Fernández (Madrid, 1945), es, aparentemente, el mismo de diciembre de 2013. El empresario aún coge el teléfono -cuyo número no ha cambiado desde hace años- a todo el mundo, devuelve las llamadas perdidas y contesta cualquier pregunta con su conocida actitud campechana, la que le llevó a asegurar, en un arranque de sinceridad durante una entrevista con 20minutos, que su amistad con Esperanza Aguirre le beneficiaba a la hora de hacer negocios. "Me llaman los periodistas que me quieren y, también los que no me quieren", bromea.

Me llaman los periodistas que me quieren y, también los que no me quierenPero su situación, a día de hoy, es bien distinta. Dos años y medio después del estallido del caso de las tarjetas black, su imperio hostelero se encuentra en vías de liquidación, los más de 2.000 empleados a los que daba trabajo se han quedado en pocos centenares y ha perdido tanto la presidencia de la patronal de Madrid (CEIM) y de la Cámara de Comercio como la vicepresidencia de la patronal nacional (CEOE).

Su nombre figura entre los 66 acusados que serán juzgados a partir de este lunes por los gastos realizados a nombre de Caja Madrid y Bankia. Su estrategia de defensa coincide con la de otros encausados: si la tarjeta era ilegal, nunca lo supo, pero ni el fiscal ni el juez se creen esa excusa.

¿Cómo afronta el juicio?
Yo confío en la Justicia. Los jueces tendrán que averiguar si la tarjeta era opaca o no. Yo era un simple consejero. Todo esto le ha hecho mucho daño a mi empresa, a mi reputación y a mi prestigio.

Usted declaró que desconocía que la tarjeta era ilegal.
A mí me la dieron y me dijeron que tenía que gastarla, así que pagaba con ella en mis restaurantes, que es donde voy a comer todos los días. Y cuando me entero de que es ilegal, devuelvo todo el dinero.

Me dijeron que no tenía que presentar ningún justificante de gasto y que ellos pagaban los impuestosNi el juez ni el fiscal se creen que los consejeros, incluido usted, no supieran o sospechasen que la tarjeta estaba fuera de control.
¿Cómo iba a pensar que una entidad, que era la más grande del país en ese momento, iba a hacer algo ilegal? Me dijeron que no tenía que presentar ningún justificante de gasto y que ellos pagaban los impuestos. Ahora me piden una condena pequeña. Yo creo que es una injusticia, pero los jueces dirán.

¿Pero no lo extrañó que nunca le diesen a firmar un contrato, como se hace en cualquier banco, o que no le pidieran recibos de gastos?
Si tu empresa te da una tarjeta y te dicen que te las gastes y no justifiques en qué, ¿tú no la usas? ¿Cómo vas a desconfiar? Estoy preocupado, pero lo que hice no es un delito, espero.

El juez dice que ustedes no necesitaban ninguna formación específica, más allá de la que se les presupone como consejeros de Caja Madrid, para tener, al menos, alguna duda, sobre lo que estaba pasando. ¿Qué tiene que decir al respecto?
Yo tenía un papel como consejero en representación de los empresarios de Madrid, nada más. Habrá quien tendrá que responder qué eran aquellas tarjetas y por qué las daban. A mí me costó dimitir de todos mis cargos y que la gente se lanzase encima de mí.

¿Está arrepentido?
Si tuviera algo que ocultar, me podrían decir 'mira, se lo ha llevado crudo, tiene las manos sucias', pero no es así. Yo todo lo que he hecho en mi vida lo he hecho de forma transparente. Lo que he hecho ha sido crear 3.000 puestos de trabajo con mis empresas. Nada más.