Muchas veces el ser humano nos sorprende y la violencia surge allí donde menos nos lo esperamos. Eso es lo que ha ocurrido en Bari (Italia) con un monasterio de hermanas clarisas, la orden más austera de la iglesia católica, dedicada a la contemplación, la oración y el silencio.

El arzobispo ha intentado solucionar el problema, pero ya ha tenido que pedir ayuda al Vaticano

Pero las hermanas Annamaria y Gianbattista estaban enfadadas porque la vida dispersa de la madre superiora les impedía concentrarse.

Entonces decidieron poner las cosas en orden y mandaron a la rectora del convento al hospital con distintas heridas en la cara provocadas por sus golpes, según informa la BBC.

Las dos monjas han sido trasladadas a otro convento y sólo queda en Bari la hermana Liliana, que se niega a irse, después de 44 años sin salir del convento. El arzobispo Giovanni Battista intentó solucinar la situación por sí mismo porque cree que las hermanas "han perdido claramente su vocación religiosa", pero ya ha tenido que pedir ayuda al Vaticano.

Por el momento la hermana Liliana resiste y permanece en el convento, con lo que es imposible cerrarlo. La situación es complicada porque no se puede discutir con ella: se niega a romper su voto de silencio.