Con la meta cumplida
Francisco Javier enseña sus trofeos en su casa de El Tiro de Línea.(Kako Rangel).

Su carta de despedida, enviada por correo electrónico a esta redacción, llegó a emocionarnos (puede leerla en www.20minutos.es/sevilla). «Ahí están mis sentimientos. Me salían de pronto, del corazón», comenta durante nuestra conversación.

«Javi el nazareno de la silla de ruedas o Javi el del carrito», como le llaman en su barrio de El Tiro de Línea, se retira de las pistas por prescripción médica: tiene el hueso de la clavícula fuera del sobreesfuerzo. En su currículum hay más de una medalla. Ha sido el primero en correr la Maratón de Sevilla en silla de ruedas y el primer nazareno de España en estas circunstancias —sale en Santa Genoveva desde los diez años—.

Pide igual trato

Estas son algunas de las proezas de este trabajador de la ONCE, de 42 años, que se autodefine como «valiente, luchador y optimista». Nació con espina bífida, enfermedad que no le ha impedido participar en todo lo que se apuntan los demás por la sencilla razón de que no le gusta que le traten diferente.

«En la I Maratón de Sevilla (1985) mi silla era antigua, de hierro, pero la mejor que he tenido para correr. Me la hizo mi padre, todo un manitas. Él fue toda la carrera controlándome el tiempo y la velocidad en una bicicleta de montaña antigua, de esas que pesaban tanto».

No fue su primera sorpresa. Casi en la recta final del recorrido se encontró a su madre en la avda. de la Constitución. «Me harté de reír porque tuvo la idea de ponerse detrás a empujarme para que descansara. La verdad es que me vino muy bien». Javier tardó 4 horas, 9 minutos y 21 segundos.

En la carrera popular de Distrito Sur (2004) consiguió el tercer puesto y en la nocturna del Guadalquivir tardó 56 minutos. Dos años después, corrió otra vez la maratón. «En el kilómetro 25 estaban mi mujer Pepi y mi niña Miriam chillándome y animándome», comenta.

Ayuda de las asistencias

Llegó a la meta sólo dos minutos antes de cerrar. Tardó 4 horas y 58 minutos. «Oía a las asistentas médicas que decían ‘corred que el atleta minusválido se va a desmayar’. Y efectivamente eso fue lo que me sucedió».

Su última carrera, la de la despedida, fue el 13 de mayo de este año. «Comencé muy fuerte y me mantuve. El público me gritaba y aplaudía. Llegué con las lágrimas en los ojos, casi ni veía, pero me retiré orgulloso en el primer puesto. Con un tiempo de 46 minutos y 45 segundos, superando el de 2004».

Con este medallero, Javier da las gracias a su familia y a los amigos que le han apoyado y se va convencido de que la carrera más importante es la de la vida, llegar a la meta que se pone uno mismo.

«Pido que eliminen las barreras»

Francisco Javier Villa pide que supriman las barreras arquitectónicas. La que más le molesta de Sevilla es la de los autobuses de Tussam. «Todos tienen rampas, pero la mayoría no funcionan», se queja. Aunque el carril-bici dice que le ha venido bien, no entiende cómo no arreglan los desniveles, es decir, los escalones de los acerados. Anima a los otros minusválidos a que salgan a las discotecas, vayan a la playas y hagan una vida normal. ¿Su leiv motiv? «Luchar y mirar para delante, porque siempre hay algo por lo que reírse», afirma este campeón.