«Nuestro miedo es al fracaso escolar y, sobre todo, a que no sea feliz». El testimonio es de una madre valenciana que prefiere no dar su nombre y que, desde hace un año aproximadamente, sabe que tiene un hijo superdotado.

El diagnóstico del pequeño, de diez años, se dio tras varios toques de atención en el colegio, donde los profesores detectaron que el niño se aburría y no atendía en las clases. Al principio, lo achacaron a problemas normales de su edad, pero sus padres decidieron acudir a profesionales médicos porque tenían más indicios.

Según los cálculos de la Asociación Valenciana de Apoyo al Superdotado y Talentoso (Avast), dos de cada cien niños y jóvenes de la Comunitat son superdotados, aunque buena parte de los casos está sin diagnosticar. De hecho, uno de los principales problemas es que muchos padres lo desconocen.

«Era más avanzado y maduro, y de pequeño hablaba con expresiones muy correctas», prosigue la madre. Ha pedido que pasen de curso al pequeño, pero chocan «con personas que no reconocen esa alta capacidad en el colegio». «Pero no deja de ser un niño: hace natación, balonmano...» y es todo un fenómeno en el ajedrez.

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Preguntan mucho y hablan de lujo

Las señales para saber cuándo un menor puede ser superdotado son un gran dominio del lenguaje, un aprendizaje acelerado, la curiosidad por cualquier tema y la afición por hablar con mayores. Estos factores, que pueden ir unidos, «llevan a pensar a los padres que algo pasa», explica una experta de Avast. A partir de ahí, el colegio debe tomar nota de sus capacidades.

El síndrome, aquí

Asociados: En la asociación Avast hay apuntados unos 70 socios de toda la Comunitat.

Apoyo: Allí les ayudan a autocontrolarse, hacen terapia familiar y también dan habilidades sociales.

¿Quiénes?: Cuentan con equipos de psicólogos, y las actividades son los sábados por la mañana.

¿Dónde?: Su sede está en Valencia, en el número 30 de la calle Marvá.