El presidente surcoreano, Roh Moo-hyun, cruzó a pie a las dos de la madrugada de este martes (hora española) la frontera con Corea del Norte, último símbolo de la Guerra Fría vigilado por medio millón de soldados. Este gesto simbólico marca el inicio de la segunda cumbre intercoreana en más de medio siglo, que celebrarán hasta el jueves Roh y el líder norcoreano, Kim Jong-il, en Pyongyang.

"Espero que, una vez la haya cruzado, más gente lo haga", dijo Roh en un breve mensaje antes de caminar durante 30 metros a través de la Zona Desmilitarizada entre las dos Coreas junto con una decena de personas, entre ellas su esposa, y ser recibido por las autoridades norcoreanas.

Los surcoreanos aguardan con esperanza, pero también cautela, los resultados de esta histórica cumbre que podría marcar un antes y un después en el camino hacia la paz y la unificación para dos países que, técnicamente, siguen en guerra desde hace medio siglo. Pero la desconfianza que su población siente hacia sus vecinos del norte, con sus constantes idas y venidas, atempera en parte el ambiente y ha provocado pequeñas manifestaciones de protesta en Seúl.

La nación coreana está dividida desde 1953 y la intención de ambos presidentes es que el encuentro suponga un primer paso en el camino para asentar definitivamente el entendimiento dentro la península. Por ejemplo, se espera algún tipo de ayuda económica del sur al norte, un nuevo compromiso de Pyongyang a favor de su desnuclearización y declaraciones favorables a zonas industriales en Corea del Norte similares a Kaesong, donde empresas surcoreanas emplean mano de obra norcoreana y donde se detendrá Roh a su regreso, en otro gesto simbólico.