5.30 horas. Suena el despertador. “Maldito DNI” pienso y me levanto no de muy buen humor. La última vez que intenté renovar el documento nacional de identidad, la semana pasada, llegué a las 7.30 h y en la cola había más de un centenar de personas.

Esta vez no me pilla el toro. Llego a las 6.30 de la mañana a la comisaría de la Alameda. Ya hay ocho personas esperando y por delante nos quedan dos horas y media de espera. Todos resignados pensamos lo mismo: “esto no es justo”.

Diez minutos después en la cola hay ya una veintena de personas. Uno de ellos no se puede callar “Esto seguro que sólo pasa en España. Con todos los avances que hay ahora y aquí como tontos haciendo colas inhumanas” protesta. Es la segunda vez que se da el madrugón. No lo duda y, por segunda vez, pone su hoja de reclamaciones. “No servirá de nada pero al menos que quede constancia de la indignación” dice.

De repente gran parte de la cola nos miramos incrédulos. Ya hay más de cuarenta personas y el pensamiento general es el mismo: “Vaya cara que tiene”. Acaba de volver la señora rubia que llegó a las 7 de la mañana. “¿Quién es el último? Voy detrás suyo pero ahora vuelvo que he dejado el coche mal aparcado”. Seguro que se ha echado una cabezadita en el coche porque son ya las 8.15. No pasa a mayores, tenemos demasiado sueño como para ponernos a discutir.

Los minutos se pasan lentos, sobre todo en la recta final. Ya da igual la radio, las revistas, el libro… nada entretiene. Al fin. Dan las 9 y suena un timbre. Me recuerda a la campana de entrada del colegio.

Lo conseguí, tengo el número 8 y un papel que rellenar. “¿Un boli por favor?” le pido a una señorita. “Lo siento, tendrá que esperar a que acaben porque sólo hay dos”. Increíble. Aquí hay que hacer cola hasta para coger un bolígrafo.

La sala está llena. Mientras espero mi turno comenta la señorita “Ya. Número 95. Los siguientes turnos son para la tarde”. Miro el reloj: las 9.20 horas. En menos de media hora ya no hay ni un solo turno de mañana para el DNI.

Cuando ya estoy sentada delante de la chica que me va ha expedir mi DNI me entero de la tragedia: dentro de seis meses tengo que volver a pasar por este martirio. Por haberlo perdido me dan el nuevo, muy moderno y con muchos colores, pero con la misma fecha de caducidad: ¡marzo del año que viene!.