Pablo lleva dos semanas en el cole. A Elena, su madre, la han llamado ya dos veces para cambiarlo. «El primer día se hizo pipí y lo encontré llorando. El segundo, caca, y estaba solo en una esquina. Tiene tres años y está aprendiendo. El colegio tiene que colaborar y prestar este servicio. Es una necesidad fisiológica», dice.

No es la única sevillana que trabaja pendiente del móvil por si debe salir corriendo. «En un hospital público o privado, si un enfermo se orina o hace sus necesidades se le cambia de manera inmediata. No se llama a los familiares», se queja otro padre. «Me parece fatal que no den este servicio con lo que nos cuesta el cole», se lamenta otra afectada.

La situación se repite desde hace años, pero las quejas de los padres son cada vez más numerosas, explica a 20 minutos José María Mesa, presidente de la Federación de Asociaciones de Padres de Alumnos de Sevilla (FAPA Nueva Escuela). «Sólo al principio de cada curso recibimos más de cien quejas por este motivo», afirma. Las reclamaciones crecen hasta junio.

No hay monitores

Los centros no tienen monitores para atender estas necesidades y los «maestros de Infantil se niegan a llevar a cabo esta labor». Sólo hay monitores para ayudar a niños con necesidades especiales.

Hay ayuntamientos que «contratan a ordenanzas para estas tareas, pero hace falta personal cualificado», dice. Además, «aunque los padres se plantearan asumir el coste de contratar a alguien, no podrían», asegura. La contratación es responsabilidad de la Junta.

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AULAS CON BAÑOS ESPECIALES

Para FAPA Nueva Escuela una solución para acabar con esta situación, que se repite curso tras curso, pasaría por adaptar los centros de Infantil a las necesidades que demandan estos menores. Es decir, las aulas de los más pequeños del colegio, los de tres y cuatro años, deberían tener baños incorporados, separados por mamparas de cristal.

De esta forma, los profesores encargados de cada grupo podrían acompañar a sus alumnos al baño y cambiarlos, si fuese necesario, sin perder de vista al resto de la clase.

«Todos los años a principio de curso reclamamos soluciones para este importante problema y siempre la Administración autonómica nos contesta lo mismo: no hay recursos», comenta José María Mesa.