Buñol lanza en su Tomatina 160 toneladas de tomate contra la violencia machista y homófoba

  • Este miércoles se ha celebrado la tradicional Tomatina, lanzando 160.000 kilos de tomates, 10.000 más que en 2015.
  • Se calcula que han participado en el festejo 22.000 personas.
  • Buñol ha incluido en su campaña contra la violencia de género y la homofobia un protocolo de actuación para vigilar con "especial celo" este tipo de conductas.
Vecinos y visitantes celebran en Buñol (Valencia) su tradicional Tomatina.
Vecinos y visitantes celebran en Buñol (Valencia) su tradicional Tomatina.
EFE / Kai Forsterling
El municipio valenciano de Buñol ha arrancado a las 11.00 horas de este miércoles su tradicional e internacional Tomatina, en la que este año se han usado de arma arrojadiza 160.000 kilos de tomates, 10.000 más que en 2015, para reivindicar el fin de la violencia machista y homófoba.

El municipio valenciano de Buñol ha arrancado a las 11.00 horas de este miércoles su tradicional e internacional Tomatina, en la que este año se han usado de arma arrojadiza 160.000 kilos de tomates, 10.000 más que en 2015, para reivindicar el fin de la violencia machista y homófoba.

Como cada último miércoles de agosto, un petardo ha marcado el inicio de esta batalla incruenta y cívica, que comienza con la entrada de los camiones con esta particular munición.

El intenso bochorno se ha paliado en parte gracias al agua lanzada con mangueras con los que se ha mojado durante la espera a los participantes, que han acudido disfrazados de monja, con pelucas, cascos hechos de sandía y sobre todo, protegidos por gafas de bucear y cargados con sus minicámaras.

La euforia y el griterío, en varios idiomas, se ha adueñado de las estrechas calles del municipio valenciano de apenas 10.000 habitantes y que en, este día grande de sus fiestas, dobla la población.

Los instantes previos han sido amenizados, como ya es habitual, con los intrépidos que se han atrevido a escalar el palo enjabonado para conseguir alcanzar el jamón que se encuentra en la parte de arriba, jaleados por cánticos y bailes de los que miraban.

Si el año pasado fue Google el que inmortalizó el festejo colgando las imágenes de esta fiesta de Interés Turístico Internacional en su aplicación de mapas y geolocalización, en esta edición es la compañía coreana Samsung la que graba la fiesta para usar las imágenes en sus campañas de publicidad.

Contra la violencia de género y la homofobia

En el día grande de las fiestas de Buñol, la localidad cuenta con un 10% más de agentes y casi un millar de personas, incluidos unos doscientos voluntarios, para velar por la seguridad de participantes y el discurrir de una guerra de tomates que lleva varios años sensibilizada con este problema social.

El consistorio ha incluido en su campaña contra la violencia de género y la homofobia de este año un protocolo de actuación para vigilar con "especial celo" cualquier conducta de este tipo que se perciba y desplegar una postura de "tolerancia cero", como ha explicado el alcalde, Rafael Pérez.

Llegados de todo el mundo, los improvisados combatientes de esta especial batalla vegetal esperaban ya desde primeras horas en la calle la carcasa que anuncia el inicio del fuego rojo cruzado, que cubre las calles de Buñol de una especie de salsa triturada y tiñe de rojo a todos los participantes.

Turistas de Reino Unido, Francia, Australia, Japón, Estados Unidos o Rusia son lanzadores de tomates en un fiesta declarada de Interés Turístico Internacional en 2002 y que rememora la trifulca con estos vegetales protagonizada por unos jóvenes el último miércoles de agosto de 1945 en un desfile de gigantes y cabezudos.

Ataviados con ropa vieja y protegidos por gorros y gafas de bucear los contendientes se divierten poniendo en su diana a cualquier persona mientras siete camiones recorren las calles y, con ensordecedores bocinazos, anuncian la descarga de la hortaliza.

En la popular refriega valenciana no falta quien acaba restregándose los tomates por su cuerpo y el de su vecino y quien aprovecha la viscosa salsa en la que se convierte tan refrescante munición para nadar e incluso bucear.

Tras algo menos de una hora, un nuevo disparo de pólvora paraliza los lanzamientos de tomates y calma el fervor en los participantes que agradecen los manguerazos de agua que les llegan desde balcones y ventanas y que aprovechan las duchas instaladas en las inmediaciones para borrar las huellas de la incruenta batalla.

Es el turno entonces de voluntarios y personal de limpieza que dejan las calles del municipio impolutas y sin restos de una fiesta con la que este año se han citado 22.000 personas, que han tenido que pasar por caja para participar en el deseado recorrido.

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