Otra vez un niño se convierte en la imagen icónica del verano e ilustra el enquistado conflicto de Siria. Esta vez no es Aylan, el niño náufrago del éxodo sirio, sino Omran Daqneesh, un niño de cinco años al que este miércoles hirieron las bombas que derribaron su edificio en Alepo.

La foto de Oman la puso a circular en las redes sociales Raf Sanchez, el corresponsal en Medio Oriente del diario británico The Telegraph, después de  que un médico que participó en la tarea de rescate se la enviara.

La cadena de televisión Alepo Media Center emitió un vídeo del rescate del pequeño Omrán, que pese a que las bombas cayeron encima de su casa estando él y su familia dentro, no llora.  Tampoco ha conocido otra cosa que la guerra, situación que vive su país desde hace más de cinco años. Del menor se sabe que los servicios de emergencia lo llevaron a un hospital para curarle las heridas.

En Siria, casi cada día llegan informaciones de niños que han fallecido en bombardeos.

La situación humanitaria está al borde del colapso en la ciudad siria de Alepo por la encarnizada lucha entre fuerzas gubernamentales y opositoras, que en su estrategia de cercar zonas controladas por sus rivales asfixian a la población civil.

Las áreas más afectadas son los barrios orientales de la urbe, en manos de la oposición, que siguen prácticamente cercados ya que los combates y los bombardeos impiden usar con regularidad el corredor abierto recientemente en el sur.

Los civiles de esa zona sufren una gran escasez de alimentos y medicamentos, así como cortes de luz y agua, que en el último mes se han agravado, según activistas de Alepo y organizaciones humanitarias.  "Lo que hace ahora la situación más dramática es el sitio, que provoca una falta de acceso de la población a servicios básicos", dijo el jefe de la misión de Médicos Sin Fronteras (MSF) en el norte de Siria, Carlos Francisco.