Jean-Michel Basquiat (American, 1960–1988). Untitled(Crown), 1982
'Collage' con hojas co textos y una corona, uno de los iconos inseparables de Basquiat © Estate of Jean-Michel Basquiat, all rights reserved. Licensed by Artestar, New York. Photo: Mark-Woods.com

Algunos todavía se hacen la pregunta: ¿hacía arte Jean-Michel Basquiat, el fulgurante creador devorado por sus demonios y adicciones y fallecido, tras un chute mortal de heroína unos días antes de cumplir 28 años? La respuesta la fijó con claridad el primer crítico al que deslumbró, Rene Ricard, en un artículo publicado en 1981 titulado El niño radiante: "Basquiat hace arte porque sus obras parecen arte".

Quizá Basquiat, hijo de un contable haitiano y una diseñadora gráfica portorriqueña, fue el primero en no creer la afirmación. Depresivo e inseguro y paliando el miedo con dependencias tóxicas, el artista fue el primero que llevó el lenguaje callejero de las paredes a las galerías, pero nunca terminó de confiar en que aquellos apuntes viscerales pudiesen competir en el mundo de envidias y capillas sagradas de los círculos creativos.

Vacilaciones injustas

Basquiat: The Unknown Notebooks (Basquiat: los cuadernos inéditos) muestra ahora el tamaño y la injusticia de las vacilaciones del creador, el artista negro más importante de los EE UU pese a que estuvo en el mundo durante muy pocos años (1960-1988). La exposición, que organiza y celebra el Museo de Arte Pérez de Miami hasta el 16 de octubre, revela la seriedad con que tomaba el proceso y educaba la mirada para captar con emotividad el ambiente en el que vivía, a partir del cual desarrolló referencias basadas en el grafiti, pero también en el art brut, el irracionalismo y el primitivismo del Caribe y África.

Durante la década de los años ochenta, desde el inicio hasta más o menos mediados de 1987, Basquiat registró con metódica continuidad sus observaciones de la vida cotidiana en la ciudad de Nueva York, donde había comenzado hacer grafiti en 1976 bajo el tag SAM©, que compartía con su amigo Al Díaz. Utilizaba cuadernos baratos, nunca blocs profesionales para dibujo, y anotaba impresiones, poemas rítmicos y juegos de palabras, y, sobre todo, abocetaba atletas, músicos, símbolos urbanos, policías y otros elementos callejeros.

Coronas y rostros como máscaras

Los cuadernos, dicen desde el museo, "revelan una faceta poco conocida de Basquiat y su proceso artístico y constituyen un recurso importante para entender y apreciar sus composiciones de mayor formato". Algunos de los dibujos esporádicos, por ejemplo, fueron desarrollados más tarde en óleos y otros formaron parte de los iconos de los que nunca se separó, como las coronas y los rostros esqueléticos que parecen máscaras tribales.

Experimentó con el texto como elemento visual y poético Ávido y despierto observador del mundo que lo rodeaba, manifestó sus críticas al racismo, el capitalismo y la injusticia socioeconómica con una imaginería engañosamente infantil y una voz poética sofisticada. En todos los cuadernos, al igual que en las obras a gran escala, experimentó con el texto como elemento visual, situando con cuidado las palabras o las frases cortas en una página que de otro modo estaría vacía, alterando adrede la ortografía y repitiendo palabras y frases para lograr un mayor énfasis y un efecto poético.

Aunque se le conoce sobre todo por sus pinturas de brillante figuración, el lenguaje escrito cruza toda su obra. Los cuadros de técnica mixta que lo han llevado a la fama con tanta vehemencia como su trágica y prematura muerte están a menudo cruzados por textos manuscritos que diluyen los límites entre la escritura y el dibujo y entre el dibujo y la pintura.

Novio de Madonna

Uno de los artistas más originales e influyentes de su generación, Basquiat, nacido y criado en Brooklyn, se convirtió se convirtió de la noche a la mañana en una celebridad del mundo del arte. Entre 1982 y 1983 expuso en solitario en la afamada galería Gagosian —al segundo show acudió acompañado por su novia de entonces, una todavía aspirante a cantante llamada Madonna—.  Dos años más tarde conoció e intimó con Andy Warhol, con quien pintó a cuatro manos más un centenar de cuadros, aunque según algunos fue Basquiat el ejecutante explotado, por el Rey del Pop Art, que llamaba a su amigo "mascota".

Libretas baratos de escuela que compraba en quincallas Se desconoce la cantidad total de cuadernos creados por Basquiat, pero los ocho ejemplos que se exhiben en Miami, con unas 160 páginas, revelan una "práctica persistente y deliberada". Aunque a veces usaba materiales de dibujo más duraderos, continuó prefiriendo las libretas de escuela baratas que compraba en las quincallas callejeras.

Solía dejar en blanco el dorso de cada página para crear un espacio limpio y libre frente a cada texto y permitir que todas las páginas funcionaran de manera independiente. La caligrafía controlada y el uso intencional de todas las letras en mayúscula dan a los escritos una apariencia ornamental que los distingue de las anotaciones mundanas o los bocetos tradicionales.