Guía de la Ruta de la Inquisición en una explicación con un grupo
Guía de la Ruta de la Inquisición en una explicación con un grupo EUROPA PRESS

La ciudad de Logroño albergó en el año 1610 uno de los episodios más oscuros de su historia al desarrollarse el mayor proceso de brujería que se recuerda -y el mejor documentado en nuestro país- con la quema de las conocidas como 'brujas de Zugarramurdi'.

Un hecho lleno de controversias, dudas y reconocidos errores que aún hoy, más de cuatrocientos años después, sigue despertando interés y curiosidad tanto por los logroñeses como por aquellos visitantes que quieren conocer realmente qué ocurrió en esa época y por qué Logroño se convirtió en el escenario principal de este destacado proceso.

Con este fin, el Ayuntamiento de Logroño, con el trabajo de la Concejalía de Comercio, Cultura y Turismo, acaba de inaugurar una nueva ruta turística denominada 'Tras las huellas de la Inquisición', guiada por Pilar Lumbreras, con la que se pretende conocer el Logroño del siglo XVII, pasear por su historia y envolvernos, a través de sus calles, en estos sucesos que marcaron un antes y un después en la persecución de las brujas en España.

En toda Europa se despacharon unas 100.000 causas de brujería, de las cuales 50.000 acabarán en la hoguera y en España se mandó a la hoguera por brujería a 300 personas, 11 en Logroño.

El Consejo de la Suprema y General Inquisición (La Suprema) puso fin a la quema de brujas en España en 1614, siendo así uno de los primeros países en hacerlo, gracias, sobre todo, al trabajo de uno de los tres inquisidores del proceso, Alonso de Salazar y Frías, conocido como 'el abogado de las brujas'. Por su parte, y según ha explicado Pilar Lumbreras, en Inglaterra lo hará en 1684, Salem en 1692, Escocia en 1727 y Alemania en 1775.

La Inquisición, creada por los Reyes Católicos en 1478 por bula de Sixto IV, justificaba esta acción ya que arder en la hoguera "era un acto de piedad por el que el alma de la bruja es liberada del demonio".

DE CALAHORRA A LOGROÑO

En la capital riojana, el Tribunal de la Santa Inquisición de Logroño (llamado también del Reino de Navarra) tuvo jurisdicción en La Rioja, País Vasco, Navarra y parte de Soria y de Burgos. En un principio, este tribunal de la zona norte de España tendría sede en Calahorra desde 1521, pero en 1570 se traslada a Logroño.

Todo ello se explica durante el recorrido, que dura aproximadamente una hora y media, donde los visitantes podrán pasear por el centro de la capital riojana, haciendo diferentes paradas en el muro del Revellín, el parque del Ebro, la plaza de Alonso de Salazar, la casa de Mateo de Nuevas, la plaza de la Oca, la calle Herrerías, la plaza de San Bartolomé y Portales. Realizarán un recorrido por la Villanueva y llegarán a la plaza del Mercado, lugar donde quedaban expuestos los 'sambenitos' que tenían que llevar los condenados por herejía.

ONCE OLMOS EN RECUERDO DE LAS ONCE ACUSADAS

Así, los visitantes recorrerán los espacios de la Inquisición en Logroño y conocerán la antigua ubicación del Palacio del Tribunal de la Santa Inquisición de Logroño -del que no quedan restos- o el entorno del parque del Ebro -donde se encuentran los once olmos que se plantaron en recuerdo de las once personas que fueron condenadas a morir en la hoguera-. También se recreará el Auto de Fe en la plaza del antiguo Ayuntamiento -al que según datos, acudieron más de 30.000 personas en una ciudad que contaba con solo 6.000 habitantes- y también se visitarán espacios religiosos como la iglesia de Santiago y la iglesia de San Bartolomé.

En todo ello ocupa un lugar muy importante la Casa de Mateo de Nuevas (familiar de la inquisición), secretario honorario del secreto de la Inquisición de Logroño, y que se sitúa en la intersección de las calles Barriocepo y Travesía de Excuevas. En ese lugar todavía hoy se pueden observar diferentes motivos de la época, como un escudo de la Inquisición.

TRIBUNAL DE LOGROÑO

El Tribunal de Logroño durante el proceso de las brujas de Zugarramurdi estaba compuesto por tres inquisidores: Alonso Becerra Holguín, Juan del Valle Alvarado y Alonso de Salazar Frías. Éste último, durante sus dos primeros años en el puesto, se guió de sus colegas más antiguos.

No obstante, cuando en 1610 "hubo que votar la suerte de aquellos reos que saldrían al Auto de Fe, se permitió criticar puntos tocantes a las pruebas de culpabilidad, con lo que redimió de las llamas a dos encausados". Esta discrepancia puso fin a la concordia entre los miembros del tribunal y sus dos compañeros llegaron a acusar a Salazar de que estaba "compinchado con el demonio, y le acusaron de defender a las brujas cegado por éste".

PALACIO DE LA INQUISICIÓN

Según los datos, éste debió ser un imponente edificio situado en donde anteriormente estuviera el Hospital de Rocamador, junto a la calle Norte y muy cercano al Cubo del Revellín y al exconvento de Valvuena.

Era un edificio de tres plantas con un acceso único a las mismas a través de una escalera situada en el lado sur. En las dos plantas bajas estaban las cárceles secretas con la vivienda del 'alcaide'. En la planta alta estaban las oficinas del tribunal. Para evitar la comunicación con el exterior los dos patios estaban rodeados por altos muros.

CREENCIA EN LAS BRUJAS

Tal y como explica Pilar Lumbreras durante el recorrido, y según ha recogido y estudiado de numerosos textos y documentos de la época, la creencia en las brujas proporcionaba "un chivo expiatorio a las gentes del pasado" para explicar los acontecimientos desgraciados y la mala suerte y no dejarlos al azar, "al haber brujas hay culpables". A ellas, les achacarán "las muertes inexplicables, la pérdida de sus cosechas, las plagas, las epidemias... al mismo tiempo que les servía para vengarse de aquellos vecinos que no les caían bien".

Durante el recorrido también se narra la historia de los pueblos de Zugarramurdi y Urdax, de donde procedían la mayor parte de brujas y brujos que salieron en el Auto de Fe, y de la importancia que tuvo en todo el proceso una denuncia de la joven francesa, María de Ximildegui. También narra anécdotas, historias confesadas por los reos, de la leyenda de la posesión de sapos, de la fabricación de polvos y ungüentos, del asesinato de niños, de las torturas utilizadas -en Logroño, solo el potro- y de muchos nombres propios de hombres y mujeres acusados de brujería.

AUTO DE FE

El Auto de Fe de Logroño se celebró entre los días 6, 7 y 8 de noviembre de 1610 y se juzgaron a 53 personas, 11 de ellas acusadas de brujería. De estas 11 personas, 5 fallecieron en prisión pero aún así no se libraron de la 'quema' ya que "fueron representados con efigies y cinco pequeños ataúdes con sus restos mortales que fueron conservados y arrojados al fuego" junto al resto de sus compañeras.

Tras el Auto de Fe de Logroño, el tribunal optó por hacer una pausa y se proclamó una amnistía a los brujos habitantes de la zona, "con la promesa de que todos cuantos, voluntariamente, se delatasen a sí mismos y a sus cómplices quedarían absueltos del castigo".

En 1614, finalmente, el Consejo concluyó sus deliberaciones sobre la materia de las brujas, basó sus instrucciones en la propuesta que les había hecho Salazar. Se publicó un "edicto de silencio", donde la Inquisición admitía públicamente haber cometido errores durante el proceso de los brujos e imponía silencio sobre el tema de la brujería. De esta manera, "nunca más se volvió a quemar en la hoguera a un solo brujo por parte de la Inquisición española".

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