Bogotá
Vista panorámica de Bogotá desde el mirador Colpatria. WIKIPEDIA/ZlKevin

Colombia vive una etapa de auge en el turismo, tras décadas en las que el país ha estado marcado por el estigma de la violencia y la inseguridad, y uno de los estandartes de esta apertura al exterior es su capital, Bogotá, que intenta proyectarse como un destino urbano marcado por la gastronomía y la oferta cultural y de fiesta. La ciudad aparece como la capital de un país plagado de destinos de playa, aventura, naturaleza y cultura, con una identidad propia y rincones por descubrir.

Entre las joyas de Bogotá destaca con brillo propio el Museo del Oro, situado en el céntrico barrio de La Concordia y que cuenta con cerca de 34.000 piezas de orfebrería y 20.000 de objetos líticos, cerámicos, textiles y piedras preciosas. El museo, creado en 1939 por el Banco de la República, recoge piezas de numerosas culturas prehispánicas del país, entre ellas la música, la calima, la quimbaya, la malagana y la tumaco, entre muchas otras. Uno de los principales atractivos del museo es, además de los múltiples colgantes, brazaletes, máscaras o poporos –recipiente para el consumo de hojas de coca en las ceremonias religiosas–, la sala de la ofrenda, que cuenta con seis vitrinas cilíndricas y que hace referencia al sentido religioso del arte indígena.

Un paseo por La Candelaria

Otro de los destinos que atrae a gran cantidad de turistas –extranjeros y colombianos por igual– es el barrio de La Candelaria, ubicado en la zona centro-este de la ciudad y que engloba el casco histórico de Bogotá. En este barrio se encuentra la representativa Plaza de Bolívar, en torno a la cual se encuentran la Capital Primada de Colombia, el Palacio Arzobispal, el Palacio de Liébano –sede de la Alcaldía–, la Capilla del Sagrario y el Palacio de Justicia, entre otros edificios.

Tras décadas de violencia e inseguridad, Colombia vive el auge del turismoAsimismo, en La Candelaria tienen su sede la Presidencia de la República de Colombia, en la Casa de Nariño, y el Ministerio de Exteriores, en el Palacio de San Carlos. En esta zona también se alza la Iglesia de Nuestra Señor del Carmen, una de las más características y conocidas de la ciudad por su estilo gótico, reconocida desde 1993 como monumento nacional.

El visitante podrá además aprovechar para entrar en algunos de los principales museos de la ciudad, como el Museo de Arte Colonial, el Museo Botero, el Museo Militar o el Museo de Bogotá, en los que se encuentran algunas de las principales colecciones del país. El Museo Botero cuenta, además de con 123 obras del autor colombiano, con 85 de otros artistas internacionales como Pablo Picasso, Antoni Tàpies, Salvador Dalí, Marc Chagall, Pierre Auguste Renoir, Max Ernst, Gustav Klimt, Joan Miró, Henri Matisse o Manolo Valdés, entre otros.

El barrio es, además de por todos sus edificios históricos, uno de los lugares más agradables de la capital para dar un paseo relajado, disfrutar del nulo o escaso tráfico y probar los platos típicos de la ciudad y el país en sus múltiples puestos callejeros y restaurantes.

La ascensión a Monserrate

Sin embargo, Bogotá no es sólo su núcleo urbano. En sus alrededores se encuentra el cerro de Monserrate, uno de los puntos más espectaculares de la ciudad, que permite además disfrutar de unas buenas vistas de la ciudad, si el tiempo no lo impide. Al cerro se puede subir en funicular o teleférico –o incluso andando, si bien ahora ese acceso se encuentra cerrado tras varios desprendimientos–, en un recorrido de unos cuatro minutos que permiten apreciar Bogotá desde la altura, si el clima no lo impide, y dar luego un paseo hasta la Basílica del Señor de Monserrate.

A 40 km de Bogotá está Zipaquirá, una catedral dentro de unas minas de salEn ella se encuentra una imagen de la Virgen Morena de Monserrat, a la que estaba dedicado el templo en su origen, si bien en la actualidad está consagrado bajo la advocación del Señor Caído de Monserrate. El ascenso al cerro, que se encuentra a 3152 metros de altura –por los 2.625 de la ciudad–, cuenta además con un vía crucis y una gran variedad de diversidad vegetal, así como con dos restaurantes, uno de ellos en una casa colonial y otro en una casa construida en Usaquén y posteriormente trasladada a este lugar.

Una vez realizada la toma de contacto con el cerro de Monserrate, el turista puede dedicar varias horas a pasear por alguno de los parques de Bogotá, entre los que destaca el Parque de la 93, ubicado en el norte de la ciudad y reconvertido en zona verde a partir de 1995, tras ser un vertedero durante años.

A unos 40 kilómetros de Bogotá se encuentra Zipaquirá, que alberga uno de los lugares con más encanto y que más sorprenderán al viajero que pueda sacar algunas horas para realizar el trayecto y contemplar la catedral construida en el interior de las minas de sal de esta localidad. Del diseño de este lugar, reconocido como joya arquitectónica de la modernidad, se encargó Oswald Garavito, quien aprovechó las características naturales del lugar para recrear un vía crucis que lleva hasta una nave central impresionante por su diseño y trabajo.

La catedral es parte del complejo temático El Parque de la Sal, con 32 hectáreas de extensión y actividades que permiten entender el trabajo de los mineros y descubrir las condiciones especiales de este lugar. Como datos curiosos, destacar que la catedral se encuentra a 180 metros de profundidad, 60 metros por debajo de la que fue la catedral original, y fue inaugurada en 1995.

Y el buen comer

Bogotá ofrece además al visitante una rica gastronomía, con el sancocho y la arepa como algunos de sus platos más reconocidos internacionalmente, así como el ajiaco y una gran variedad de frutas. La diversidad del país se ve reflejada también en su cocina, y cada región tiene unos platos característicos que la representan. En el caso de Bogotá, la gastronomía mezcla la tradición muisca y algunas influencias llegadas de Europa. En este sentido, destacan el citado ajiaco –una sopa con distintos tipo de patata, pollo, arroz y aguacate–, la sopa de arroz con mondongo (callos) y el lomo al trapo. En cuanto a los postres, algunos de los más representativos son las brevas con arequipe, el merengón con frutas y la cuajada con melao –panela derretida en agua–.

Por último, uno de los aspectos característicos de la comida en Bogotá son los zumos, que suelen acompañar las comidas y cenas en caso de que el comensal opte por una bebida sin alcohol. En ese caso, entre los más destacables figuran la guanábana, el mango, el lulo y la maracuyá.