Alepo, Siria
Un barrio de Alepo, Siria, destrozado por los bombardeos y los ataques. NACIONES UNIDAS

El Kremlin ha dado por muertos a los cinco tripulantes del helicóptero Mi-8 que fue derribado este lunes en la provincia siria de Idleb cuando regresaba a su base tras llevar ayuda humanitaria a la ciudad de Alepo.

"Los que iban a bordo del avión, según la información que nos llega del Ministerio de Defensa, han muerto, murieron heroicamente, ya que intentaron desviar el aparato para minimizar las bajas en tierra", dijo Dmitri Peskov, portavoz del Kremlin.

"A bordo del helicóptero se encontraban tres miembros de la tripulación y dos oficiales del Centro de coordinación para la pacificación de las partes en conflicto", explicó a las agencias rusas un portavoz de la cartera rusa.

Peskov, quien transmitió sus condolencias a los familiares de los militares fallecidos, añadió que el helicóptero "efectuaba una misión humanitaria" y que "fue abatido desde tierra".

Activistas sirios publicaron en Twitter fotografías del lugar donde se produjo el siniestro, en las que se aprecia cómo el aparato quedó completamente destruido.

Casi toda la provincia de Idleb, en el noroeste de Siria, está en manos del Frente de la Conquista del Levante (el antiguo Frente al Nusra) y de otras facciones aliadas como el Movimiento Islámico de los Libres de Sham.

Amenazas de Estado Islámico a Putin y a Rusia 

El Estado Islámico emitió el domingo un comunicado por vídeo en el que, dirigiéndose directamente al presidente ruso, Vladímir Putin, amenaza con matar a los rusos en su propio hogar, en referencia a territorio ruso.

Al respecto, Peskov aseguró que esas amenazas no influirán en la política rusa contra el terrorismo internacional e instó a quitarle hierro a esas maniobras de intimidación, aunque agregó que el Ministerio de Defensa ha tomado las medidas necesarias.

Rusia anunció el pasado jueves el inicio de una operación humanitaria en Alepo en colaboración con el Ejercito sirio que se propone abrir corredores humanitarios para que los civiles puedan abandonar la ciudad y los guerrilleros que lo deseen depongan las armas.

No obstante, la oposición armada y algunos gobiernos occidentales temen que la operación sea la antesala de un asalto militar contra la segunda ciudad siria, que, según diversas fuentes, acogería a más de 10.000 combatientes, entre guerrilleros contrarios al régimen de Bachar al Asad y yihadistas.