En algún lugar de Villafranqueza, Virgen del Remedio, Juan XXIII o las 400 Viviendas, suelen cargar sus bolsones con bolsos, cinturones y monederos falsificados, aunque también CD y DVD, desde furgonetas repletas.
Desde allí, los manteros cogen el bus, las líneas 8A, 8B, 21 o 22. «Si nadie dice que el bulto es suyo, se baja y ya está», relatan desde la Policía Local, que sólo en julio realizó una veintena de intervenciones, algunas a bordo del transporte público, antes de llegar a la Explanada, el Postiguet o Playa San Juan.
Los hay inmigrantes legales, los que están en situación irregular ahora pero habían estado registrados alguna vez en Extranjería, y los que carecen de papel alguno.
«La gente desconoce lo que hay detrás de la venta ambulante», explican fuentes policiales encargadas de perseguir estos delitos. «La mafia de la manta les educa, hoy muchos son subsaharianos, senegaleses, y no es por su origen, se resisten al decomiso, muchas veces, porque les enseñan martingalas, qué tienen que decir y hacer para escaparse mejor» a la justicia española.
Por eso, obstruyen su identificación y buscan dilaciones cuando les pillan. Cosa que no es fácil, porque tienen un sistema para recoger rápido su género. «Y si se les esparce, la gente lo coge», indican desde la Policía.

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