El presidente ruso, Vladímir Putin, ya piensa en las inminentes elecciones parlamentarias. En diciembre, el controvertido líder someterá su gestión a las urnas, y nada mejor que una oportuna lavada de cara a su gobierno para mejorar su debilitada imagen.

Así, a instancias del nuevo primer ministro, Víctor Zubkov, ha decidido reemplazar a tres de sus ministros más impopulares: los titulares de Sanidad y Desarrollo Social, Mijaíl Zurábov; Comercio y Economía, Herman Gref, y Desarrollo Regional, Alexandr Yakovlev.

En su lugar llegan Elvira Nabiúllina, de 43 años, como nueva ministra de Economía, Tatiana Gólikova, de 41 años y esposa del actual ministro de Industria y Energía, Víctor Jristenko, que asume la cartera de Sanidad, y Dmitri Kozak, de 48 años, un hombre de confianza de Putin, como nuevo titular de Desarrollo Regional.

Movimientos estratégicos

Estos cambios de Gobierno tres meses antes de las elecciones parlamentarias tienen como objetivo real un objetivo más lejano: las inminentes elecciones presidenciales a las que se tendrá que enfrentar Vladimir Putin el año próximo, en las que tendrá que luchar contra su debilitada imagen.

A Putin le persiguen los problemas internos y las crisis diplomáticas

Dos frentes están pasando factura al actual presidente: por una parte, la persecución a la que somete a la oposición política, sea la que encarna el ex dirigente de la petrolera Yukos, Mijail Jodorkovsky, actualmente encarcelado , sea la que representa el ex campeón del mundo Gari Kaspárov, que ha sido detenido e interrogado en varias ocasiones.

Por otra parte, su lucha diplomática, primero con Reino Unido a cuenta de la sospechosa muerte del ex espía Alexandr Litvinenko, y después con EE UU a cuenta del escudo antimisiles. Y todo ello sin olvidar los cortes energéticos impuestos a Europa del Este o la siempre controvertida forma en la que el Kremlin intenta apagar el nacionalismo periférico de las repúblicas caucásicas.