Comprarse un piso significa destinar una gran parte del sueldo para pagar la hipoteca. Por eso, los sectores con menos recursos, sobre todo jóvenes e inmigrantes, eligen el alquiler como la mejor opción para emanciparse.

Sin embargo, se lo están poniendo cada vez más difícil. A los avales bancarios y a las fianzas se ha unido una nueva traba: el aval personal, esto es, que tus padres respondan de ti en caso de que no puedas pagar.

era una responsabilidad muy importante para mis padres pero era lo único que podía hacer

Lucía es una joven una alicantina que ha decidido independizarse. Ha firmado el contrato a través de la Agencia Valenciana de Alquiler y como la mensualidad (500 euros) suponía más del 40% de su sueldo se ha visto obligada a «pedirle el favor» a sus padres para que le avalen.

«Al principio no me hizo mucha gracia porque entendía que era una responsabilidad muy importante para mis padres pero era lo único que podía hacer si quería empezar una nueva vida», señala la joven.

Al otro lado se encuentra Leo, propietario de una vivienda del centro. Dice que pide avales bancarios de hasta 12 meses a sus inquilinos porque ha tenido malas experiencias. «Le alquilé el piso a una familia que vivieron en mi casa cuatro meses sin pagar. Mi mujer y yo vivimos de esto y no puede ser».

¿Bancario o personal?

El coste de los avales bancarios es de más de 170 euros al año, entre el gasto de apertura, el notario y las comisiones trimestrales, que oscilan entre 40 ó 70 euros. Lo que asegura el aval es que si los jóvenes no pagan el alquiler, el banco se compromete a hacerse cargo del coste. En el caso de los personales ocurre igual que en las hipotecas: si no pagas, echan mano de las propiedades del avalista.