Aún no hay rampas en al menos 22 edificios públicos
Ana Boullosa, ante unas escaleras de Oviedo. (Diego Crespo).

Al menos 22 edificios y espacios públicos de Oviedo, Gijón y Avilés todavía tienen barreras arquitectónicas, por lo que resultan inaccesibles para los 120.437 asturianos que tienen movilidad reducida. Según datos recabados por 20 asociaciones, en la capital las deficiencias empiezan en el Ayuntamiento, con escaleras en las dos entradas. La oficina de licencias municipales tampoco es accesible, al igual que ocurre en la oficina regional de Turismo de la calle Cimadevilla.

En Gijón tampoco están adaptadas las oficinas de la Consejería de Medio Rural y Pesca, el Puerto Deportivo, el Registro del Principado, la Torre del Reloj, el Parque Infantil de Tráfico, Hacienda, así como las oficinas de Correos de la calle de los Moros, la Calzada y la Arena.

Avilés, por su parte, tiene 12 edificios inaccesibles: el Teatro Palacio Valdés, la oficina central de los Servicios Sociales de la calle Galiana, la del Registro de la Propiedad, la del Consumidor, el Palacio de Maqua,  la Cámara de Comercio, la biblioteca municipal de La Luz, el conservatorio municipal de Música, los IES Marqués de Suances y Carreño Miranda, el colegio público El Quirinal y el centro de educación especial de San Cristóbal.

«Al tercer bus, pude subirme»

A sus 45 años, la ovetense Ana Boullosa lleva toda la vida en silla de ruedas.

Las barreras arquitectónicas condicionan su rutina. Hace unos días iba por la calle Gregorio Marañón (Oviedo) y se vio obligada a salir a la carretera par seguir su camino. 

Tampoco el transporte ayuda. Ana se queja de que las rampas de los autobuses urbanos «se estropean, y tenemos que esperar al siguiente. En una ocasión tuve que esperar a que pasasen tres para poder subir». Por culpa de esto, Ana ya está acostumbrada a llegar tarde a las consultas y reuniones, así que tiene una petición para los responsables del transporte urbano: «Que obliguen a hacer el mantenimiento». Además, hace un llamamiento al Ayuntamiento de Oviedo para que coloque máquinas canceladoras de billetes en la puerta de atrás de los autobuses (es por donde tienen que entrar las personas que van en silla de ruedas). «Ahora tengo que dar el dinero a los otros viajeros para que me saquen el billete», se lamenta.