Reclamaciones a gogó en Águilas por decenas de obras irregulares
Un vecino muestra una urbanización en plena rambla. (L. Roda)

Veinte vecinos de Calabardina (Águilas) acusan a su alcalde, Juan Ramírez Soto, implicado en el caso urbanístico de la Zerrichera, de trato de favor hacia los constructores. Estos vecinos han interpuesto, entre los años 2000 y 2007, 38 denuncias en el Consistorio por este motivo.

Entre las más destacadas están la denuncia por una  posible infracción de alturas en la construcción de 26 viviendas en la avenida del Río Segura; la interpuesta a la Promotora Hosturci por eliminar y taponar un aliviadero que conducía las aguas de Cabo Cope hacia la rambla del Tío Especiero; la denuncia por proyectar un ecoparque en una zona verde, y la denuncia a dos promotores por incumplir el convenio urbanístico de la localidad.  

Por su parte, el Ayuntamiento de Águilas sólo reconoce una de las denuncias,
relativa a un edificio que sobrepasa la altura máxima permitida, y ha explicado que se está estudiando su derribo.

Hay más quejas

La suciedad, la falta de servicios, la inseguridad ciudadana, la cercanía de las construcciones al mar y la dejadez de las playas son otros de los motivos de las quejas.
El Ayuntamiento no reconoce estas quejas, incluso nos comenta la satisfacción de los vecinos de esta zona con los servicios prestados.

Más que palabras

Las quejas de los vecinos de Calabardina con los promotores no se han quedado en mero papeleo. Y es que en 2004 se interpusieron dos denuncias en el cuartel de la Guardia Civil de Águilas, por amenazas y agresiones de los promotores a los vecinos de Calabardina. En la primera denunciaron las amenazas recibidas por dos obreros a la hija de uno de los vecinos demandantes. La segunda fue por la agresión física de un constructor a un vecino. El juez lo condenó al considerar que hubo agresión.

Así opinan los vecinos

Sonsoles Paradinas, hotelera. «En el Ayuntamiento me tratan como una pesada. Cada vez que voy al Consistorio a solicitar un papel, me cuesta un triunfo que me hagan caso. En una ocasión un funcionario me gritó y me trató de malas maneras».

José Manuel Rodríguez, funcionario. «En Calabardina falta seguridad. Yo nunca he tenido ningún problema, gracias a Dios, pero muchos amigos míos, sí. El problema es que no hay policías, y eso los maleantes lo saben. Tendrían que poner solución».  

Kontxa Escribano, 62 años. «Esto es la ciudad sin ley. Aquí todo el mundo hace lo que quiere. No hay limpieza ni seguridad  ni servicios mínimos. Además, el Ayuntamiento hace lo que quiere y cuando vamos a quejarnos pasa de nosotros». 

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