Sólo los actos vandálicos contra fuentes le cuestan al Ajuntament de Barcelona 30.000 euros cada año. Un equipo especializado se encarga de su reparación y mantenimiento diario.

En las calles de la ciudad hay 1.593 fuentes públicas y el distrito de Sant Martí es el que tiene más (289). Cuatro veces al año se hace un mantenimiento preventivo de las instalaciones hidráulicas de las fuentes y, cada dos años, se pintan. Además, los operarios desatascan las cañerías cuando es necesario.

Aún así, no es suficiente para borrar el aspecto de «dejadez» que tienen algunas de estas fuentes. Severiano Sanz, vecino del Eixample, asegura a 20 minutos que la fuente situada entre la calle Provença y la avenida Dos de Maig es lamentable y «degrada el entorno». «Hay poca vigilancia por parte del Ajuntament que concentra sus recursos en multar coches olvidándose de otros temas importantes para los ciudadanos», denuncia este barcelonés.

La ordenanza de civismo prevé multas de hasta 500 euros por daños al mobiliario urbano. En este apartado se incluyen las fuentes. También establece sanciones de entre 100 y 500 euros para infracciones como lavarse, bañar-se o lavar la ropa en fuentes o surtidores públicos.

Ahorro del agua

La totalidad de las fuentes públicas y la gran mayoría de las fuentes ornamentales de la ciudad de Barcelona se abastecen de la red de aguas de la capital. Sin embargo, algunas de estas fuentes ornamentales lo hacen de agua procedente del subsuelo (freáticas y minas). Casi el 100% de las fuentes disponen de pulsador para ahorrar el agua. Además, siguiendo este mismo criterio, el Ajuntament ha dotado a las instalaciones de consumo continuo de electroválvulas reguladoras de caudal y tiempo. Además, ha dotado a las fuentes ornamentales de elementos de depuración.