'AU PAIR' EN REINO UNIDO
'Au pair' en Reino Unido. Andrea Caballero

Los abusos hacia las jóvenes que van a trabajar al extranjero como au pairs son más comunes de lo que parecen. Tras el reportaje publicado el pasado martes sobre la experiencia de cinco au pairs20minutos ha recibido una decena de cartas en las que otras jóvenes cuentan sus vivencias y los abusos que recibieron de las familias.

Entre estos abusos se encuentran jornadas interminables por salarios muy bajos, acusaciones de abusos sexuales o la imposibilidad de acudir a clases de inglés o alemán debido a la cantidad de tareas que debían realizar.

"Tenía que limpiar la casa entera"

La experiencia de marcharse de esta forma al extranjero puede ser una de las mejores... Pero, también, puede ser un desastre. Las expectativas tampoco son buenas amigas, si no que se lo cuenten a Andrea Caballero, que ha estado en cuatro familias distintas, tres de ellas en el extranjero y tan solo con la última se ha quedado con buen sabor de boca: "Encontré la familia perfecta: buen horario, buen salario, mucho tiempo libre real (una tarde porque la abuela se quedaba con las niñas y los viernes porque la madre conciliaba y se quedaba en casa para ocuparse de sus hijas)". Esta joven granaína de 26 años se fue para obtener un buen nivel de inglés, ya que quería opositar para ser profesora de esta materia.

Sin embargo, hasta llegar a esta familia pasó por dos experiencias regulares y una mala. "Tenía 22 años, era la primera vez que estaba fuera de casa y no tenía ningún título de inglés; no me quería volver sin él, así que aguanté un año con esta familia hasta que me saqué el B2", relata Andrea Caballero.

¿Tenía que dedicar cada semana siete horas a limpiar las tres plantas de la casa y la hora de plancha la dedicada a la ropa de los padresPero qué pasó con esta familia? "En su perfil decían que me tendría que encargar de labores ligeras en casa" o, lo que es lo mismo, las típicas tareas como mantener el orden y encargarse de las cosas de los niños. La realidad fue otra bien distinta: "Tenía que limpiar la casa entera". "Cuando llegué, la madre me dio mi horario y vi que tenía que dedicar cada semana tres horas a limpiar la planta de abajo, otras tres para la de en medio y una a la tercera planta. Además, la hora de plancha semanal estaba dedicada a la ropa de los padres", cuenta esta joven.

Además, sus tardes libres solían torcerse porque la madre era enfermera y la llamaban de urgencias. Además, el padre que, al tener horario de oficina podría haber ayudado en esto, no lo hacía: "Cuando llegaba a casa yo seguía a cargo de los niños hasta la hora del cuento". Relata, también, cómo una noche escuchó a la madre quejarse a su marido de que ella nunca preparaba la cena, "cuando me dijeron por email que la que hacía la cena era la madre".

Cuenta, también, que por unas 28 o 30 horas de trabajo a la semana le pagaban 70 libras. "Me sentía casi su esclava, como si fuera inferior a ellos", añade la joven de Granada y señala que en la última familia se sintió "un miembro más".

"Tuve muchísima suerte"

Pero no todo son experiencias negativas, para Alicia Vela, de 26 años y natural de Alcázar de San Juan (Ciudad Real) esta está siendo una de las mejores de su vida. Hace un año decidió marcharse "debido a la imposibilidad de encontrar un trabajo" acorde con sus estudios. "Mi nivel de inglés era más bien pobre", así que se informó de cómo podía encontrar un trabajo en el extranjero y descubrió el mundo de las au pairs.

Después de intercambiar emails y hacer algunos skypes con varias familias, encontró una que vivía a 14 kilómetros de Cork, en Irlanda: "Tuve muchísima suerte, creo que di con la mejor familia que podía encontrar". "Era la sexta au pair que tenían, por tanto, tanto las niñas como los padres estaban acostumbrados a tener una intrusa en su casa". Alicia está muy contenta con su experiencia, que llega a fin a mediados de agosto: "No me han pedido nunca hacer nada que no me corresponda".

"Decidí escaparme de esa casa porque no podía más"

Me acusó de abusos sexuales a uno de sus hijos, algo que me afectó gravemente "Acabé de estudiar Educación Infantil y decidí buscar trabajo de au pair", relata Paqui Portero de Jaén. Esta joven de 25 años se fue a Veigy-Foncenex, un pueblo en la frontera entre Suiza y Francia, donde se encargaba de tres niños. "Al principio eran unas horas, hasta que vieron que los niños estaban bien conmigo", en ese momento comenzaron las "jornadas interminables por 500 euros, sin seguro médico ni alta en la seguridad social".

Entre las cosas a las que tienen derecho las au pairs es a una habitación propia, donde tener su espacio e intimidad. Sin embargo, en el caso de Paqui, esto no era así: "No tenía habitación propia por lo que me despertaba por la noche si estaban malos o se hacían pipí".

Solo pasó cuatro meses en la casa antes de decir que lo mejor era marcharse. En ese tiempo perdió 16 kilos. Además, la madre le hizo la vida imposible desde el momento en el que avisó de que se marcharía en los próximos días: "Me acusó de abusos sexuales a uno de sus hijos, algo que me afectó gravemente". Esa misma semana se escapó "porque ya no podía aguantar más" en la casa. "No me llegó a denunciar ya que era mentira y sabía que se podía meter en problemas", explica. Además, desde que la acusó hasta que se marchó siguió durmiendo con los niños y duchándolos.

"Esta semana me ha invitado a su casa, después de cuatro o cinco años sigue buscándome, hablándome y diciendo que el niño me echa de menos y pregunta por mi", pero después de todo lo que pasó en aquella casa, lo tiene claro: no va a volver.

"Fui para 4 meses y me quedé 4 años"

Según cogieron confianza, las horas empezaron a alargarse, o la niña entraba en mi cuarto y reclamaba mi atención aunque fuera mi día libre o estuviera estudiando "Hace 14 años de mi periplo como au pair, pero lo recuerdo con cariño", cuenta Lorena Angulo que durante cuatro años estuvo a cargo de una niña, que tenía tres años cuando llegó y que "estaba muy mimada, consentida y a veces era odiosa", pero que al final "me cogió cariño".

Lorena se ha quedado con lo mejor de esta experiencia, aunque tiene claro que "lo más duro no fue el idioma, lo peor es no poder desconectar al terminar la jornada e irte a tu casa" y que en algunas situaciones es "muy frustrante", pero que te ayuda a "gestionar el autocontrol". Comenta que la familia con la que convivía una vez la invitaron a pasar la tarde con ellos en casa de los abuelos y que de camino, la pequeña vomitó, el padre "me insultó, y me hizo creer que tenía la culpa de qué sé yo". Pero enseguida añade que "la madre era un cielo".

Recuerda que al principio tenía mucho tiempo libre y cumplían el horario, pero que "según cogieron confianza, las horas empezaron a alargarse, o la niña entraba en mi cuarto y reclamaba mi atención aunque fuera mi día libre o estuviera estudiando". A pesar de los momentos tensos y desagradables, sigue en contacto con la familia que le permitió quedarse cuatro años allí, lo que le abrió las puertas de Irlanda, puesto que pudo hacer un 'bussines course' y quedarse trabajando.

"Trabajaba 10 horas al día por 130 euros a la semana"

"La experiencia depende de la familia con la que convives", afirma Andrea Morillas sobre su experiencia de nueve meses en Dublín. En su familia eran tres pequeños de entre un año y medio y cinco. Aunque sabe que tuvo "mucha suerte" con su familia, cree que "las condiciones no son muy buenas".

"Yo trabajaba 10 horas al día por 130 euros a la semana y no tenía tiempo de ir a clases de inglés", relata esta joven. Pero añade que su relación con los padres "era muy buena" y que sus tareas, además de cuidar de los niños, consistían en "tender y recoger lavadoras, recoger la cocina y tener la sala de juegos y el salón recogidos".

"Era duro, pero la familia me trató bien"

Estuve seis meses frustrada y con la sensación de que estaba malgastando mi tiempo Ana es de Madrid y después de terminar Traducción e Interpretación, decisión irse a trabajar fuera de España, "sobre todo porque no me quedaba más remedio y no disponía de dinero para irme a la aventura y mis padres no podían prestármelo".

Estuvo seis meses en Irlanda y afirma que "era duro" aunque la familia le trató "bien, lo mejor que pudieron o supieron". Ana trabajaba siete horas al día cuidando de tres niños de entre 3 y 8 años: "La mayoría de los días acababa demasiado cansada como para hacer algo más". Por su trabajo le pagaban 100 euros a la semana, dinero que ahorraba.

"Estuve seis meses frustrada y con la sensación de que estaba malgastando mi tiempo", relata Ana. Esta joven cree que tenía más que ver con su situación personal que "con el trato de la familia", pero que, quizás, menos tiempo hubiera sido "una muy buena experiencia".

"Hacía jornadas de 13 horas"

Abby (seudónimo) se encuentra en Alemania. Su idea era marcharse como au pair y aprender el idioma, tras unos meses cuidando niños se juntaría allí con su pareja, que aprendería alemán en España.

Sin embargo, sus planes se vieron truncados:  "Mi jornada era de 13 horas por 350 euros, la madre no trabajaba, pero tampoco hacía nada en casa y su marido siempre me echara la bronca por no tenerlo todo perfecto, él no sabía nada de lo que estaba pasando en la casa", cuenta esta joven.

Tampoco tuvo mucha suerte al cambiarse de familia, al principio todo iba bien pero se encontró con "la típica alemana que solo quiere que le hablen en su idioma", lo que "generó mucha tensión". En estos momentos está "contando los días", para marcharse con una amiga a otra ciudad a buscar trabajo. Aunque su principal queja es que apenas ha podido aprender alemán, con lo que le será difícil encontrar algo: "Apenas llego a un A1 como quien dice. En la primera familia no me dejaban ir a clase y en la segunda solo pude ir un mes y medio antes de que la escuela cerrase"

Falta de límites

Andrea Morillas señala que para ella "debería de existir una mayor regulación del tema y evitar los abusos y explotaciones que suceden".

Para Andrea Caballero el principal problema son los padres: "el problema es la falta de límites en el trabajo de au pair". Añade que la principal desventaja es "que no hay un horario claramente definido" y que se complica aún más porque "al convivir con la familia, las horas de trabajo son aproximadas".

Ambas coinciden en que es una "buena experiencia" y no dudan en recomendarla a otras personas.