Los padres de Madeleine
Kate y Gerry McCann, en una imagen reciente en Londres (Foto: Efe). Stephen Hird / Reuters
Los padres de Madeleine McCann, sospechosos de la desaparición de su hija el pasado mayo en Portugal, están dispuestos a someterse a un detector de mentiras para demostrar su inocencia, informa este viernes la prensa británica.

Están dispuestos a hacer cualquier cosa que ayude a restaurar su reputación

Gerry y Kate McCann, ambos de 39 años, no tienen inconveniente en hacer "cualquier cosa que ayude a restaurar su reputación", afirma un amigo de la familia citado, sin identificar, por varios diarios.

"Si la policía les pidiera someterse a una prueba de un detector de mentiras, lo harían", señala la misma fuente.

Los McCann -agrega el amigo- "no han dejado de insistir en que quieren cooperar completamente con la policía portuguesa, pero, hasta la fecha, no han recibido esa petición (el contestar ante un detector de mentiras) por parte de las autoridades lusas".

La disposición de los padres se divulgó dos días después de que Luís Bilro Verao, fiscal encargado del caso, indicara que no hay nuevas pruebas que justifiquen volver a interrogar a la pareja, a la que la policía considera sospechosa de la desaparición de su hija.

Tampoco se van adoptar nuevas medidas cautelares contra los McCann, porque se cree adecuada la que ya tienen, consistente en la obligación de informar sobre ausencias de más de cinco días de su domicilio en el Reino Unido, adonde regresaron el pasado día 9.

¿Inocentes o culpables?

Los investigadores lusos sospechan que los McCann pueden estar involucrados en la muerte accidental de su hija, después de que perros especialmente entrenados por la policía británica detectaran olor a cadáver en su automóvil, apartamento y efectos personales.

Pero los padres, según declaraciones personales o de sus portavoces, consideran un despropósito las acusaciones, se declaran seguros de que su hija fue secuestrada y creen que la policía no debería renunciar a encontrarla viva.

Madeleine, de 4 años, desapareció el 3 de mayo pasado de la habitación en la que dormía con sus dos hermanos, de 2 años, en un apartamento de un complejo turístico del Algarve (sur de Portugal), mientras sus padres cenaban en un restaurante cercano.