Silvia Barrera
Silvia Barrera, inspectora de la Unidad de Investigación Tecnológica de la Policía Nacional, en un evento de la película 'Jason Bourne' en el que habló sobre la huella digital. Universal Pictures

En la era de internet, la amnesia está perdiendo fuerza como recurso narrativo a la hora de construir historias de intriga y acción. Así lo asegura Silvia Barrera, inspectora de la Unidad de Investigación Tecnológica de la Policía Nacional, convencida de que Jason Bourne (personaje interpretado por Matt Damon que el 29 de julio volverá a los cines) podría recuperar su memoria fácilmente con tan solo buscar un poco en internet.

El motivo es que ahora mismo dejamos toda nuestra información en internet de forma muy despreocupada, sin preguntarnos a quién se la estamos dando y a menudo sin tomar medidas para protegerla. "En el caso de que un día nos levantáramos sin saber quiénes somos, sin saber cuál es nuestro pasado, gracias a nuestra vida virtual sería posible recuperar la memoria. El mundo virtual ya es nuestro mundo real", explica Barrera.

"Somos lo que publicamos y nos vendemos en consecuencia. Cada vez nos exponemos más, cada vez queremos ser más guays en las redes sociales, cada vez queremos hacer más publicaciones y a veces nos olvidamos de nuestro yo personal", cuenta la experta, que advierte sobre las imprudencias que conlleva esta forma de comportarse en internet.

Utilizamos una aplicación deportiva por ejemplo y no sabemos a quién le estamos dando nuestra información médicaEn las redes sociales se deja muchísima información personal, pero también en los buscadores, en los navegadores y en las cada vez más omnipresentes aplicaciones. "Utilizamos una aplicación deportiva por ejemplo y no sabemos a quién le estamos dando la información de cuánto pesamos, de cuánto corremos, de cuál es nuestro pulso, nuestra tensión, nuestros datos médicos... Ese internet de las cosas nos hace la vida más fácil, pero también nos vuelve imprudentes", cuenta la inspectora.

Podemos llegar a darle a redes sociales y aplicaciones 192 permisos, "192 tipos de datos sobre nosotros" entre los que a veces se encuentra literalmente información confidencial. A lo mejor en Facebook solo muestras los momentos felices y no necesariamente información crítica, "pero en cambio tienes por ejemplo LinkedIn, que es un foro de información personal verídica en la que ponemos datos reales".

A todo eso hay que sumar los datos bancarios que se dejan tanto en dispositivos TPV como en cualquier web o aplicación de e-Comerce. Pero además hay que tener en cuenta cómo están interrelacionados muchos de los servicios. Si alguien obtiene acceso, por ejemplo, a una cuenta de Gmail, conseguirá mucho más que eso: tendrá acceso a todas las aplicaciones y servicios a los que esté ligada esa cuenta (Google Calendar, Drive, YouTube, Amazon...), podrá saber las ubicaciones visitadas por el usuario, qué dispositivos utiliza...

Aparte de nuestros datos "también dejamos un rastro técnico: dejamos una dirección IP, un dato de conexión, nuestro correo electrónico... Dejamos mucha información a los proveedores de servicios". Al final, toda nuestra información está en manos de terceros, en manos de empresas en las que a veces no queda más remedio que confiar, "son los guardadores de nuestra seguridad".

"Eso que hemos visto es sólo un 4% de la información que Jason Bourne podría extraer de la red, el otro 96% —o eso dicen aproximadamente—, está en la deep web, en una red oscura que no está indexada por los buscadores superficiales. Es decir, que a través de ciertos buscadores como Tor y demás alguien podría buscar todavía más información sobre su persona", señala Barrera.

Los peligros y las prevenciones

Toda esta información depositada en internet nos proporciona multitud de ventajas, pero también conlleva serios riesgos ya que hay gente dispuesta a hacerse con ella y utilizarla con fines maliciosos. "A través de esos datos pueden llegar a saber quiénes somos, cómo nos llamamos, dónde vivimos, qué publicamos y cuál es nuestro entorno personal", cuenta la inspectora.

Existen varias formas de ser atacado: mediante malware, troyanos que infectan un ordenador y que permiten que otro, de forma remota, se haga con nuestra información; mediante fallos en la configuración perimetral de la red de cualquier empresa que tenga nuestros datos; por culpa de contraseñas inseguras muy fáciles de descifrar; y mediante ingeniería social, algo que no se puede combatir con sistemas informáticos y que permite por ejemplo que se realice un ataque dirigido a una empresa utilizando la información en la red por los empleados como si fuera una vulnerabilidad.

Aunque todos estos peligros existen, no hay que entrar en pánico ni generar alarmismo. "Simplemente hay que ser consciente de que cada vez estamos más expuestos. Basta con tomar ciertas medidas razonables de seguridad: mantener nuestras aplicaciones y sistema operativo actualizados, no dejar las sesiones abiertas en un ordenador que no es nuestro, no publicar imágenes de nuestos hijos donde otros las van a poder utilizar, realizar una navegación segura...", cuenta la experta.

"Tenemos que ser conscientes de que el mundo virtual es como el mundo físico. En la vida real, cuando alguien que no conocemos nos aborda por la calle, nos asusta. Si un desconocido nos manda un mensaje por internet, vamos a ver quién es. Nos crea curiosidad en vez de miedo. ¿Por qué hay una forma diferente de ver el mundo virtual del mundo físico? Porque no se siente, no se palpa. Ese es el problema", añade Barrera.

Silvia Barrera resume el problema en cinco premisas:

  • No publiques ni compartas aquello que no quieras que se sepa. No tenemos nunca control sobre la información que publicamos. No sabemos nunca que uso le van a dar otras personas a nuestra información.
  • No existen chats secretos. No existen secretos en conversaciones de Whatsapp ni de Telegram. En el momento en el que publicamos algo, perdemos el control sobre ello.
  • El anonimato en internet no existe.
  • La seguridad cien por cien no existe, no hay un antivirus infalible debido a esa información que vamos dejando, no solo pública sino en proveedores de servicios.
  • Si alguna vez nos atacan y comparten información personal, no intentemos resolver las cosas por nuestra cuenta. Acudid a instituciones, fuerzas y cuerpos de seguridad que saben cómo afrontar esa situación.

"El único ordenador seguro es el que está apagado, y ya ni eso", concluye Barrera, quien deja claro que ya no es posible escapar de internet. La huella digital ha llegado para quedarse y de nada sirve borrar las fotografías de un red social, desinstalar una aplicación, apelar al derecho al olvido o darse de baja en un determinado servicio. Nuestra vida ya está en la red y lo único que se puede hacer es aprender a vivir con ello de una forma práctica, prudente y segura.